Vacaciones en Mallorca Dia 4 Parte 2. Sta Maria de Cami
Un nuevo juego que termino gustandome, aunque fue algo duro al principio, Sta Maria del Camin aquel pueblo fue mi iniciación, mi castigo y mi premio a la vez.
Cuando entré en el servicio me quedé
pensando, no había marcha atrás. Me pregunte donde estaba Juan. Mientras
tanto yo oía las risas y el intercambio de opiniones de Ricardo y sus
amigos, calificaba a mi novio de cornudo y tonto, deduce entonces que
Juan no se encontraba allí, estaban decidiendo mi futuro inmediato, por lo que escuche no tenían nada decidido hasta ese momento.
Me coloque el vestido y me mire al
espejo que había en la mampara de la ducha por ser este de cuerpo
entero, Si hubiera elegido el vestido a propósito no lo habría hecho
mejor, mis pezones estaban tan duros que parecían querer perforar aquel
vestido, que al ser ajustado por la parte de arriba dibujaba la redondez
de mis pechos.
No tuve mucho más tiempo, se abrió la
puerta del servicio, entró Ricardo, me levanto el vestido por atrás y
dándome un azote en el culo me pregunto al iodo:
- ¿Está preparada mi perrita para dar una vuelta?
Yo le conteste que si, en voz baja,
Ricardo lo dio por no respondido y dándome otro azote, esta vez más
fuerte, me repitió la pregunta, contesté en voz alta que si mientras
miraba a los amigos de Ricardo que lo estaban viendo todo desde el
portal.
Ricardo me agarro por los hombros y me
llevo hasta la salida sin esperar ningún reproche, en ese instante era
mi amo y yo su sumisa.
Salimos
de la casa, mire para ver si mi novio estaba por allí, efectivamente no
se había movido del coche y nos dirigimos a lo que parecía ser una
tasca, antes de entrar eche una mirada a Juan que comenzó a andar
aproximándose. Un local bastante viejo, poco iluminado. Tuvimos que
bajar tres escalones para acceder a su interior, la luz era suficiente
para distinguir bien las caras de los que estaban allí, cuatro mesas
vacías y una más, ocupada por cuatro señores degustando un vino con su
tapa correspondiente, a juzgar por su apariencia trabajadores del campo,
casi jubilados diría yo, en la barra el camarero o dueño del local, y a
la izquierda sentado en un taburete, el que parecía ser el tonto del
pueblo a juzgar por su cara desencajada.
Avance por la tasca, todos se quedaron
mirándome, no parecía un local donde entrarán mujeres muy a menudo, mis
pezones puntiagudos y el balanceo de mis pechos iban robando las
miradas, mis vaivenes de caderas, que yo exageraba un poco paralizaban
sus movimientos hasta llegar a quedar todos quietos.
Estando ya en la barra Ricardo pidió
tres cervezas y un agua fría. Sirvieron las tres cervezas y el agua, sin
avisar Ricardo cogió el agua fría y me la echó por encima de mis
pechos. Al instante el fino vestido se hizo transparente mastranzo la
coloración de mis pezones. Me había cogido por sorpresa. Toda la magia y
el erotismo que había conseguido con mi entrada se desvanecieron en un
instante.
Advertí la presencia de Juan que entro
en ese momento en aquel local, se acomodó en la barra y entre risas
Ricardo le pidió una cerveza:
.-Tómatela tranquilamente, que te la vamos a dejar suave. Dijo Ricardo mientras sea amigos se reían.
Los cuatro señores mayores se percataron
de que algo raro estaba pasando allí, no dudaron el levantarse y
aproximarse. Tampoco hicieron falta muchas explicaciones, cuando
llegaron a mi altura, Ricardo levanto mí vestido de atrás entonces me
ordenó:
-¡Ábrete de piernas!...¡Mas!....¡Mas!
Yo me iba abriendo de piernas mientras el agua se desplazaba para abajo haciendo mi vestido a la vez más transparente.
Quedé con las piernas abiertas a tope,
apenas guardaba el equilibrio. Los jubilados parecían no creerse a
juzgas por sus caras de lo que estaba sucediendo, uno a uno fueron
pasando para tocarme cuanto quisieron, mientras Juan , permanecía quieto
, tan solo un intento de frustrar aquello, claro que lo impidió un
amigo de Ricardo, mientras tanto iba subiendo mi temperatura , tantas caricias y tantos tocamientos terminaron por ponerme a mil.
Ricardo pronunció tres palabras:
-Gori, ven aquí.
El que pareció ser el tonto del pueblo
se levantó y vino hacia nosotros, vaya espécimen, me sacaba más de la
cabeza, su cuerpo era todo musculo, mire su paquete fijamente, era
enorme y parecía que iba cobrando vida propia, pareció que su polla
luchaba por salir sola de ahí.
-¿Qué te parece? Le pregunto Ricardo.
El medio bestia sin pronunciar palabra
alguna metió su mano por debajo de mi falda y agarro mi coño con fuerza.
Ricardo tuvo que intervenir y calmarlo diciéndole mientras retiraba su
mano:
-Tranquilo, tranquilo Gori, ésta puta todavía no está preparada.
Abriendo una puerta me condujo hasta
ella, un pasillo de unos diez metros y después lo que parecía ser una
cochera con una estantería metálica incrustada en la pared. Me
desabrochó el vestido y me lo hizo quitar, me puso mirando a la
estantería y sacando una cuerda me ato la muñeca derecha a ésta, lo
mismo hizo con mi muñeca izquierda. Luego saco una tela y me vendo los
ojos. Se acercó a mi oído y me dijo susurrando:
- Te juro, que hoy te vas a correr como nunca te has corrido.
Escuche como destapaba un bote o algo
parecido y note como untaba por fuera de mi ano algún producto para
luego introducirlo con un dedo por dentro. Hizo lo mismo con mi coño
esmerándose un poco más en mi clítoris, yo me estaba corriendo de gusto
cuando paró de golpe y me pregunto:
- ¿Te está gustando zorra?
Sin esperar mi respuesta me atizó una
palmada fuerte en mi trasero que hizo tambalear mis tetas de un lado
para el otro, a continuación metió tres dedos en mi coño de golpe, el
dolor y el placer se fundieron saliendo de mi garganta a modo de grito
ansioso pidiendo más. Paró de nuevo Ricardo y noté como se iba
introduciendo dentro de mi coño algo frio diferente, algún objeto pensé
yo, Ricardo se acerado mi oreja y me susurro:
-No te preocupes putita dentro de unos minutos estarás lista para nosotros.
Percibí como se alejaba Ricardo
dejándome con los ojos tapados y algo ocupando todo el interior de mi
coño, algo que pareció hacerse más grande cada minuto
A los dos minutos, que mí me parecieron
dos horas, oí como se acervan pasos de nuevo, pasos de más de una
persona, en silencio, note como se detenían al lado de mí. Una mano en
mi espalda que bajaba despacio, por toda mi columna vertebral, para
detenerse en mi ano acariciando la entrada de éste. En mi cara el
contacto de una tela fina que cubrió mi boca, me estaban amordazando.
Sentí que mi ano estaba siendo invadido por otro objeto, pareció más
pequeño que el que ocupaba mi coño, pero igualmente me llenaba entera, a
la vez que este instrumento entraba dentro de mí percibí como iban
masajeando mi clítoris cada vez más deprisa. Me corría una vez tras
otra, mi cuerpo se retorcía de placer, pero mis gritos de deseo se
ahogaban en el pañuelo que cubría mi boca, sólo unos pocos sonidos
sordos escapaban por mi nariz. Estaba rodeada por gente que no veía, no
sabía cuántos eran, el aspecto que tenían, ni los planes que guardaban
para mí. Eso sí, un olor a vino barato lo empezó a cubrir todo, deduje
por ese detalle que los que estaban sentados en aquella mesa, aquellos
viejos también estaban allí.
De pronto paró todo, me estaban
retirando aquellos objetos que estaban dentro de mí, despacio sin
prisas, para que yo notara el alivio de esa presión que salía de mi
interior.
Una breve pausa, enseguida empezaron
los masajes sobre mi trasero castigándolo con azotes de vez en cuando,
era inútil intentar gritar o esquivar, notaba como cada vez la piel se
hacía más sensible a los golpes que recibía, como cada vez me gustaba
más esa mezcla de dolor y placer que me invadía.
Uno de ellos se puso detrás de mí,
percibiendo su calor corporal me preparé para su penetración, por fin,
era lo que yo necesitaba en ese momento, fue de golpe sin avisar, un
movimiento frenético se apoderó de él, su polla entraba y salía con suma
facilidad, hasta dentro toda entra y toda fuera en una fracción de
segundo. Yo me retorcía de placer, igual de rápido fue su final, con
toda su polla dentro exhalo fuerte la primera vocal y me inundó de
semen. La sacó de golpe, el fluido que se hallaba dentro de mi empezó a
escurrirse por mis piernas que empezaban a temblar, uno de ellos se dio
cuenta de la situación pues me desato las muñecas y cogiéndome del
cuello me doblo hasta apoyar mi cara derecha en lo que parecía ser una
manta, quede de rodillas con la cara y mis pechos pegados a la manta, me
abrió las rodillas estaba completamente abierta, expuesta a todos los
que estaban presentes.
Noté como una mano acarició mi culo,
introduciendo un dedo en mi ano que ya estaba dilatado por el objeto que
me metieron anteriormente, luego introdujo otro dedo más, se posiciono
detrás de mí, y sacando los dos dedos fue insertando su miembro,
despacio muy despacio hasta tenerla toda dentro,.
Al principio me dolió un poco, pero el
dolor fue dejando paso al placer, metió su brazo abrazando mi cintura
hasta que sus dedos alcanzaron mi clítoris masajeándolo suavemente. Otro
me quito el pañuelo que cubría mi boca, pero ya no sentía dolor, eran
sonidos de placer los que emitía mi boca.
Lo estaban haciendo bien, sabían
conjugar en su justa medida lo que pedía y lo que merecía. Viendo todos
ellos que aquello me gustaba, animaron a acelerar la velocidad que fue
creciendo progresivamente terminando en un grito de placer, los dos
juntos.
Este último se levantó y oí como se
alejaban unos pasos, a continuación unas manos me descubrieron los ojos,
ya podía ver, pero no podía creer lo que estaba viendo. Sólo quedaban
tres personas a mi lado, Ricardo, Gore y Juan mi novio, había esto
presenciando todo el espectáculo. Ricardo me dio la vuelta, así quede
boca arriba y me abrió la piernas del todo ofreciendo todo mi sexo a
Gori, que parecía muy alterado, nervioso comenzó a quitarse la poca ropa
que le quedaba. Era increíble este tal Gori, todo cubierto de pelo y
con un miembro entre las piernas exagerado, descomunal, mitad hombre
mitad bestia, se acercó a mi hincando las rodillas en el suelo, cuando
estuvo a la altura de mi coño cogió una pierna con cada mano y las doblo
hasta casi tocar mis pechos, apunto su polla hacia mi coño sin manos y
la introdujo de golpe dejándola dentro. Yo en esa posición no me podía
ni mover pero me sentí llena en un instante.
Empecé a notar algo raro en mi
interior, no sé si era por el contacto del pelo de su cuerpo o la
posición ciertamente incomoda, esa polla parecía tener vida propia
dentro de mí, parecía que se alargaba y se retorcía buscando todos los
rincones de mi interior, era una sensación que nunca había
experimentado, era un orgasmo tras de otro, empezó a mover de dentro a
fuera con un movimiento arrítmico, que me volvía loca, yo no paraba de
gritar de placer.
No tardó mucho, pro yo ya estaba satisfecha con creces, la saco y extendió su lluvia por todo mi cuerpo.
Yo intenté limpiarme pero Ricardo me lo impidió. Gori se levantó y se fue vistiéndose por el pasillo.
Ricardo cogió mi vestido y se lo entregó a Juan que estaba como ido diciéndole:
- Aquí te la entrego, satisfecha como habíamos acordado.
Ricardo metió sus manos en el bolsillo y
desapareció por el portal dejándonos solos allí, Juan se acercó y me
ayudo a levantarme, apenas me sostenían mis piernas, me puso el vestido
que estaba húmedo todavía preguntándome:
- ¿Estas bien cariño?
Yo asentí con la cabeza, todavía no me salían las palabras.
Salimos por una puerta que tenía aquella
cochera, en la calle, en la misma puerta estaba el coche que había
alquilado Juan, me ayudo a subirme a él y antes de andar un kilómetro ya
estaba dormida, estaba extenuada.
Habían sido cuatro días de locura
continuada. Disfruté como nunca había imaginado, no solo eso, sino que
cada aventura me llevaba otra más excitante todavía.
Gori, Gori, repetía en mi cabeza, como dominar a esta bestia, Gori Gori..Diana..Gori...Diana...Diana
En mi cabeza ya se estaba preparando un
plan para darle a Diana lo que se merecía. Diana había pedido guerra y
yo no la defraudaría, tendría su bestia correspondiente.
Un beso a todos y hasta pronto, se despide ciempre vuestra ....Merche
Ya sabeis

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