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miércoles, 31 de julio de 2013

Vacaciones en Mallorca.Dia 5 .Parte 2. Despedida

Vacaciones en Mallorca.Dia 5 .Parte 2. Despedida

Despedida a los mirones y algo mas, descubrí que no había pasado tan desapercibida como creía, la verdad es que cuando me enteré incluso me gustó. El concepto que tenian de mi era bastante bueno , en el mal sentido de la palabra, claro.


Nos dirigimos a la tienda y por suerte el vestido ya estaba arreglado, pasó al probador, el dependiente se quedó sorprendido, debió pensar que la ropa interior había desaparecido. A Diana ya no le importo que mantuviese la cortina abierta mientras se desnudaba, el arreglo era dejarlo un poco más corto, pero en realidad lo dejaron un poco más corto de lo que yo pensaba. Diana me pregunto que como le quedaba, le dije que bien, pero sabía que cualquier movimiento brusco dejaría al descubierto el final de sus piernas.
 Dimos por finalizadas nuestras compras, por llamarlo de alguna manera y nos asomamos a la playa, intentábamos localizar nuestras respectivas parejas, hicimos unas señas con las manos y enseguida nos vieron.
La gente estaba recogiendo sus cosas, terminaba otro día de playa, comenzaba una noche de diversión. Cuando llegaron a nosotras no dije una palabra de lo sucedido, pero cuando subimos a la habitación a cambiarnos se lo conté todo, todo menos la proposición de Alberto, eso de volver sola me lo tendría que pensar despacio.
 Otra vez delante del armario, no sabía que ponerme, si una ropa más formal u otra más alegre. Al final me decidí por la falda azul cortita, que tan buen resultado me dio. Me fui al baño y me pico la curiosidad, más cantidad  de crema en mí para experimentar de primera mano la sensación que experimento Diana, lo dejé para más tarde y me puse aquella mini que tanto deseo desataba en los hombres, por supuesto el sujetador no me hacía falta así que lo dejé sobre la cama, estaba preparada.
Juan me vio y me piropeo un poco, aquella camisa blanca semitransparente no dejaba mucho a la imaginación, cogió la mochila donde había depositado el alcohol que habíamos comprado esa mañana, nos cogimos de la mano y bajamos a la terraza, la verdad es que yo estaba estupenda.
 La música ya había empezado, pero no era esa la terraza sino la del hotel de al lado a la que teníamos que asistir, decidimos entonces dar una vuelta por la playa. Me quite los zapatos de tacón y empezamos a andar por la arena en dirección al mar.
Llegando casi a la orilla Juan saco una toalla pequeña y la puso en la arena para sentarnos,  después sacó una botella de orujo y dándome un vaso de chupito, me dijo:
-Hay que brindar, llevamos casi una semana aquí y seguimos vivos
.
Nos tomamos un par de chupitos cada uno contemplando la inmensidad que teníamos frente a nosotros, luego me dio un beso largo, profundo de los que no se olvidan, acariciándome los pechos por debajo de aquella camisa anudada que llevaba puesta.
 Entre unas cosas y otras  nos metimos más de  media botella de aquel licor y vimos como la terraza a la que nos dirigíamos se empezaba a llenar de gente,  era la hora de acercarnos  a aquel lugar.
Me acorde de la crema que quería experimentar y sacando  el tubo aplique el producto retirando un poco mis braguitas, al igual que mi amiga Diana puse gran cantidad.
 Juan  se puso de pie, me ayudo a incorporarme y recogiendo después la toalla que metió  en la mochila. Empezamos  a andar hacia la terraza y se acercó por detrás para desabrocharme dos botones de la camisa, comenzaba el juego sin haber llegado a la terraza siquiera.
Estaba bien iluminada, una pista central  y unas mesas rodeando esta pista, para beber y disfrutar de la velada, pronto divisemos a nuestros amigos, los cuatro estaban  compartiendo una mesa con Diana y Alex, al aproximarnos estos se levantaron saludando con un apretón de manos a Juan y el  restregón apropiado para mi persona, nos hicieron sitio en la mesa y nos sentamos con ellos. Diana había elegido el vestido negro, el que fue cortado, apenas cubría nada, por mucho que se estiraba, estando sentada era imposible.
Yo andaba ya caliente, entre los chupitos que me había bebido y la crema que me había untado, me estaba empezando a hervir la sangre, Juan me puso la mano encima de mi pierna, no paraba de acariciarla cada vez subía más, termine facilitándole el trabajo  abriendo las piernas un poco. Esto no pasó desapercibido para los que estaban sentados  enfrente, me excitó más aún, estaba segura de que se me veían las bragas, pero yo necesitaba más.  Me levente y me fui al servicio, tenía que quitármelas, necesitaba  sentir el contacto directo de la mano de Juan sobre las partes más íntimas de mi ser.  Cuando me las quite aproveche para untarme un poco más de aquella crema que tanta calentura provocaba en mi cuerpo. Volví  enseguida  a ocupar el mismo asiento y Juan no tardo en repetir las mismas caricias, solo que ahora no se detenía en el borde de mi coño y yo me habría libremente de piernas para facilitar su empeño.
Esto nuestros amigos los mirones lo tomaron como un regalo y sin querer depositaban sus miradas entre mis piernas. Juan debió darse cuenta de mi estado, decidió sacarme a bailar, no era cuestión de acabar follando allí mismo que era lo que estaba a punto de ocurrir.
 No era una música muy lenta,  pero a mí me apetecía en ese momento enseñar mis pechos, así que levante mis brazos lentamente para rodear el cuello de Juan y la camisa hizo lo demás  al alzarse de delante dejo al aire mis pechos que yo arrime fuertemente contra Juan, el espectáculo ya había empezado, nuestros amigos los cuatro mirones de la playa ya nos conocían, solo disfrutaban del espectáculo, pero Alex y Diana se quedaron embobados. Uno de ellos le pidió a Juan el cambio y éste acepto, no cambié de posición ante la mirada de sorpresa del mirón apreté mis pechos contra él, era evidente mi turbación y la temperatura que iba alcanzando mi cuerpo.
El vejete mirón comenzó a masajear mi trasero con una mano, bajándola de mi cintura y con la otra  acariciaba la parte baja de mis pechos, disimuladamente,  pero sin oposición por mi parte. Yo veía a Juan que conversaba con otro desconocido de la mesa de al lado, pero sin quitarme ojo, me conocía muy bien, sabía que estaba a punto de explotar.
De pronto Juan y el desconocido se levantaron y vinieron hacia mí, evitaron así un desenlace escandaloso en medio de la pista de baile, íbamos a tomar algo en la barra,  no era lo que yo necesitaba  en ese momento,  pero me hizo pensar que en el lugar donde estábamos  lo único que conseguiría  seria la expulsión de dicha terraza.
Otro chupito, el desconocido saco la conversación de las habitaciones  del hotel, que si eran muy buenas, que tenían frigorífico con bebidas, un baño excepcional, señalando una habitación en especial , estaba debajo de la de los mirones, yo pensé que me había reconocido, después me saco a bailar, ahí si me lo confeso:
-¿Así que estas aquí  con tu novio?¿Pues sí que ha cambiado tu novio!
-No le digas nada por favor, no sabe nada, de la otra noche. Le conteste yo.
Aprovecho para arrimarse un poco más y acariciarme.
En ese momento divise a Diana, la estaban sacando a bailar los mirones, se turnaban con ella, Alex, era tan inocente que no se enteraba de que la estaban sobando a conciencia. Claro que mi novio también la vio y fue a por su parte. Me quede bailando con aquel hombre en el otro extremo de la pista.
-Ven que te voy a presentar mi compañero de habitación. Me dijo
Me cogió del hombro y nos acercamos a otro desconocido para mí. Después de las presentaciones me propusieron ir a ver la habitación e insistieron.
-Bueno, pero cinco minutos, mi novio me echara de menos. Desde luego la estrella más que tenía el hotel  se la merecía, escaleras de mármol, barandillas de madera  y ascensores amplios, aunque el ascensor no lo utilicemos, subimos por las escaleras.

Llegamos a la habitación, a mano izquierda el baño, bastante grande por cierto, a continuación dos camas  y la terraza  al fondo que fue donde nos dirigimos, desde allí se podía ver la terraza con la gente bailando, se oía la música como si estuviera al lado de nosotros.
Decidí entonces probar lo blandita que era la cama, es lo que se suele hacer cuando pasas a la habitación de un hotel:
-¡Que blandita es! Exclame
Al botar en la cama, la falda se subió ya apreciaron que no llevaba nada debajo, por si quedaba alguna duda.
-Sí,  pues si es cómoda. Y sin bragas más. ¡Jajajaja!. Contesto uno de ellos
 Inmediatamente el que había bailado conmigo, me invitó a bailar en la terraza con la excusa de no haber terminado la pieza anterior, acepte mientras el otro se dirigió al frigorífico para sacar unos vasos y un poco de hielo.
 Estaba sola en la terraza con un desconocido que no se detenía  por nada, comenzó agarrándome por la cintura, pronto su mano izquierda bajo hasta mi culo y fue recogiendo mi falda hasta poder  tocarlo sin prenda alguna de promedio-
-La otra noche me quede con ganas d tocar este culo Me dijo al oído.
 El tono de su voz mientras me acariciaba el trasero me produjo tal placer que no me di cuenta de que estaba desabrochando los pocos botones que quedaban en mi camisa. En unos instantes mis pechos quedaron desnudos, al aire. Comenzó a besarlos  sin parar, noté que me estaba desabrochando la falda, pero no hice nada para impedirlo. La falda cayó irremediablemente al suelo y solo tuve que echar los hombros para atrás para que la camisa hiciera lo mismo, quede totalmente desnuda subida en los  tacones.
 La pista de baile no estaba lejos, no lo suficiente, estaba segura que se podía ver mi silueta desnuda ante la luz de la habitación, mi compañero de baile seguía propinándome caricias por todo el cuerpo y yo ya no era dueña de mi misma.
-Seguro que te gusta estar desnuda en la terraza y que te vean todos.
-Si le conteste .Mientras se colocaba detrás de mí quedando así totalmente expuesta
 El otro desconocido vino entonces en mi ayuda, cogiéndome de la mano  y llevándome hacia la cama para que me tendiera, se apodero de mi boca dándome un largo beso mientras el otro me abría las piernas para trabajar despacio mi clítoris con su lengua, no había prisas, una calma placentera invadió el ambiente, el placer se instaló en esas cuatro paredes, no había motivo para acelerar ese momento,  cuando retiro uno su boca de la mía me pregunto:
-¿Seguro que tu novio no sabe nada?
-  No, no sabe nada, Salí sola esa noche. Respondí yo.
- ¿Y de las fotos que andan circulando?
Me aclarara esa pregunta muchas cosas.
-No las fotos tampoco las ha visto. Le dije mientras me corría, la otra no paraba con su lengua.
-Entonces no sabe lo puta que eres. Prosiguió
Yo intente aclarar un poco la cosa.
-A él le gusta que me vean, le gusta subirme la falda, estas son las primeras vacaciones en lo que hago esto. Intente aclarar. Pero ya tenía la polla del desconocido dispuesta, no me dejo proseguir con mi explicación, estaba totalmente erecta y a mi disposición. Solo tuvo que abrirme un poco la boca para que yo comprendiera  que la necesitaba meter dentro, lo hizo despacio para que yo acariciara su punta con la lengua cuando iba entrando.
 El otro me metió su polla de golpe, consiguió romper aquella calma de un flechazo, me corrí a la primera embestida, era tanto el placer que parecía que mi cuerpo flotaba encima de aquella cama. , se notaba que era un experto, la metía de golpe y la sacaba despacio, me estaba volviendo loca, mientras yo seguía chupando cada vez más deprisa. Yo apreté los músculos de mi vagina intentando  retener aquella polla que me estaba dando placer y lo que conseguí fue una pronta eyaculación por su parte, pero enseguida cedió su sitio al que tenía ocupando mi boca, no se lo pensó, en un instante ya la tenía toda dentro. De momento se abrió la puerta, era otro individuo.
Pedí una explicación no sabía cuantos amigos eran, me dijeron que estaban todos.
 Le indique con el dedo índice al otro desconocido que se acercara, ya sabía lo que quería, se la fue sacando mientras se aproximaba y la introdujo en mi boca sin siquiera pararse. Yo continúe chupando, lamiendo, todo me parecía poco.
 El desconocido que me estaba follando no tardó mucho en correrse, entre la chupada que le di y lo jugoso que tenía el coño se deshizo en un alarido de placer. Pronto el otro quiso ocupar su puesto pero el que acababa de fallarme lo  paro diciéndole:
-Espera que queda una sorpresa, esta puta que lleva toda la semana enseñándonos su culo por la terraza es hora de que nos lo dé.
 Me dio la vuelta y doblo mis piernas y mi culo quedo indefenso. No lo dudo un instante, el desconocido me penetro por detrás, pero no sentí nada de dolor, esa crema era especial, ni siquiera al principio, consiguió metérmela entera sin esfuerzo aparente, estaba totalmente dilatada.
-¿Parece que te gusta? Me pregunto.
-Sí, si me gusta, ya lo sabes. Le respondí.
 Paso su mano por debajo y continúo acariciándome el coño mientras se movía, no sé cuántos orgasmos tuve, no los podía contar, no daba tiempo. Exploto dentro de mí, dejando caer su cuerpo contra el mí, sin duda  quedo sin fuerza, un instante de flaqueza que muchos hombres tienen después de correrse. Me dio un beso en la espalda y se levantó. Yo quede inmóvil, también necesite un momento para recuperarme de tanto orgasmo incontrolado, el tiempo necesario para que los desconocidos prepararán unos combinados, cosa que yo agradecí, bueno , más bien mi cuerpo, que estaba sudoroso.
 Bebí el primer cubata de dos tragos, lo que tardaron en ponerme otro, salimos los cuatro a la terraza yo me enrolle una sábana y nos fumamos un cigarro, no había mucho que decir, todos estábamos satisfechos. Pase para vestirme pero sin prisas, había perdido la noción del tiempo.
Sin más me despedí un beso a cada uno y bajé en dirección a la verbena, mi novio ni se había enterado, seguía bailando y observando a Diana que no paraba de enseñar su trasero. Alex seguía sin enterarse de nada. Mientras Diana iba cambiando de manos cada quince segundos. Avise a Diana de que se le estaba viendo las braguitas, su reacción me extraño un poco, en vez de parar de bailar se movía mas todavía

 Le dije a Juan que quería terminar la fiesta, estaba un poco cansada, había sido un día bastante largo, vi que Juan  se lo estaba pasando bien así pues le pregunte si quería quedarse, yo me iría sola, pero no quiso, nos despedimos de todos y nos dirigimos a nuestro hotel, subimos a nuestra habitación sin pararnos en ningún sitio. Había estado bien el día yo por lo menos estaba satisfecha. Esa noche dormimos abrazados toda la noche. No sé cómo termino la noche para Diana, pero se lo estaba pasando en grande.

Tan solo un beso para cada uno, sois muchos
y un abrazo , hasta siempre y para siempre  vuestra....Merche

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viernes, 26 de julio de 2013

Vacaciones en Mallorca.Dia 5 .Parte 1. Crema Milagrosa

Vacaciones en Mallorca.Dia 5 .Parte 1. Crema Milagrosa

Vacaciones en Mallorca.Dia 5 .Parte 1. Crema Milagrosa--La reación que producia esta crema en Diana era espectacular, hasta yo me quede sorprendida y los mirones no pierden el tiempo.

Habían sido cuatro días de locura continuada. Disfruté como nunca había imaginado, no solo eso, sino que cada aventura me llevaba otra más excitante todavía. Gori, Gori, repetía en mi cabeza, como dominar a esta bestia, Gori Gori...Diana...Gori...Diana...Diana En mi cabeza ya se estaba preparando un plan para darle a Diana lo que se merecía. Diana había pedido guerra y yo no la defraudaría, tendría su bestia correspondiente.
Llegamos al hotel sin darme apenas cuenta. Subimos a la habitación y yo le pedí a Juan que al día siguiente no hiciera planes, quería un poco de tranquilidad, había superado todas las expectativas para esas vacaciones. Mientras me preparaba para una ducha Juan me dijo que iba a por comida china, que hoy cenaríamos en la habitación.
 Juan tardo aproximadamente veinte minutos. Cuando llegó me comentó que se había encontrado con Alex y Diana, que había estado hablando con ellos. Nos habían propuesto ir juntos el sábado a la disco latina que había por allí al lado, que el sábado estaría más animada. Bueno, pensé yo, era jueves, tenía todo el viernes para descansar. Cenamos tranquilamente y me dispuse a descansar, disfrutar de una noche tranquila no me vendría nada mal.
 Me desperté al día siguiente, abrí los ojos y Juan no estaba, mire el reloj, marcaba las diez de la mañana, encima de la mesita de noche un ramo de flores con una nota "Gracias por ser como eres, tu admirador Ricardo".
 Me sorprendí, Ricardo había estado aquí, yo por supuesto estaba desnuda, solo una sábana desordenada tapaba algunas partes de mi cuerpo.
 Sin haberme movido apenas en diez minutos, oí como abrían la puerta, eran Ricardo y Juan:
-Hola Merche, te ves esplendida. Esto me lo ha recomendado Ricardo, es para después de lo que tú ya sabes. Continuó explicándome Juan, dejando un tubo de crema encima de la mesita.
-Hola preciosa, gracias por la maravillosa tarde que nos diste ayer. Me dijo Ricardo, portando una bandeja con mi desayuno que dejo encima de mis piernas.
 Yo no contesté a ninguno estaba sorprendida, no era lo que yo buscaba, una relación continuada con Ricardo, me parecía peligrosa en aquel momento, pero pronto mi mente empezó a trabajar, con un par de palabras le podía dar la vuelta a la situación. Pensé entonces en Diana, mientras tomaba el desayuno, un plan se desarrollaba en mi cabeza.
 Ellos salieron a la terraza y se encendieron un cigarro, yo aproveche para darme la crema en mis partes íntimas, estaban como nuevas, la crema que me puso Ricardo sin duda era bastante buena, mientras tanto mi cabeza daba vueltas a tres nombres.
Ricardo me llamo  en ese preciso momento:
-Merche ven aquí con nosotros.
Yo lo dude un instante, pero fui, rodee mi cuerpo con una sábana y  me quede en el umbral de la puerta, no quise salir a la terraza, demasiado expuesta. Además Diana y Alex podían estar en la terraza contigua, tampoco había terminado de darme aquella crema. Ricardo me explicó entonces que aquella crema debía repartirse por dentro de mí, me cogió por un brazo y me hizo salir. Me quede paralizada mientras el introducía la mano entre la sabana para untarme la crema, mi movió permanecía quito mirando cómo me iba cambiando la cara por la calentura. Note entonces que sí, que en la terraza contigua había gente, los paneles biselados dejaban ver el movimientos de sombras, Casi estaba a punto de correrme cuando llamaron a la puerta.
 Ricardo eme dijo que fuera a abrir, pero se quedó con la sabana en la mano. Mire a mi novio esperando una respuesta que por supuesto no apareció. Demasiado caliente para oponerme.
Pregunte quien era primero:
-¿Quién es?
-Alex. Me respondió una voz, estaba desnuda completamente. Juan y Ricardo vinieron  hacia mí, se metieron en el aseo mientras Ricardo me decía al oído:
-Quiero que seas muy mala.
Abrí la puerta despacio, Alex se quedó asombrado seguramente no esperaba verme así.
-Bajo para la playa, oí voces y pensé que estabais aquí, Diana ya fue hace tiempo a coger sitio. Me dijo Alex mientras miraba mis pezones rectos por la calentura que llevaba en ese momento.
-Estoy sola, habrá sido la televisión, ¡pero pasa y ves nuestra habitación!
Me di la vuelta y avance hasta la cama, note como no apartaba su mirada de mi trasero Me senté en la cama y el siguió avanzando hasta la terraza, no sé si para asegurarse que no había nadie o para mirar si veía a Diana.
 Divise entonces a nuestro amigos los mirones, seguían haciendo fotos, fue la chispa que me faltaba, me decidí, me acerque a la puerta de la terraza y me puse de rodillas, cuando Alex se dio la vuelta se quedó parado, pero no le di tiempo a reaccionar, le baje el bañador y allí estaba mi premio, solo cuatro lametones y se puso a tope. Comencé a chupar con fuerza pero me di cuenta que en esa posición no saldría muy bien en las fotos, así pues Salí a la terraza girando cuarenta y cinco grados a mi derecha, así tenia controlados a los mirones y a Ricardo y Juan que miraban desde el servicio, Alex creía que estábamos solos y su excitación subió tanto que tardo solo dos minutos en correrse. No era mi intención, pero era tan tímido que sobrepase sus límites sin darme cuenta.
Alex hasta me pidió perdón por correrse en mi boca, se despidió con un “abajo nos vemos” y salió casi corriendo... Acto seguido llamé a Juan para hablar con él y le dije:
- Tienes que pedirle a Ricardo que el sábado lleve a Gore a la disco latina. El me devolvió una mirada picara y fue al servicio a comunicárselo, mientras salían de la habitación.
 Me fui a lavarme un poco y me puse la ropa interior, después una blusa ajustada de flores, un escote bastante pronunciado, con dos tirantes y una falda blanca corta, por encima de las rodillas.

 Me apetecía pasear por la playa, así se lo dije a Juan. Cuando llegamos abajo Ricardo se despidió con un hasta pronto y nosotros nos dispusimos a pasear por la orilla de la playa mojándonos los pies.
 A lo lejos distinguí a Diana y Alex, cuando nos acercamos un poco más, enseguida nos vieron y saludaron, ella llevaba su bikini rojo, pero claro sin su parte de arriba, parecía que no le daba ya importancia a enseñar sus pechos, nos acercamos un poco más y ella me comentó que quería ir de compras esa tarde porque no tenía ropa adecuada para ir a la disco, me invito a acompañarla de tal manera que no pude negarme, mientras tanto yo veía que Juan se quedaba bizco, la verdad es que tras la aventura en el servicio Juan y Diana ya no disimulaban su atracción sexual.
 Continuamos nuestro camino y Juan me propuso tomar algo en el chiringuito, empezaba a hacer calor y accedí gustosamente, pedimos un refresco mientras echábamos un vistazo al mar.
Alguien me dio en la espalda, me volví y eran los cuatro mirones, un saludo cada uno, un beso y un apretujón, estos individuos no escatimaban esfuerzos en provocar el roce, cualquier excusa valía para acariciar mis pechos y mi trasero. Nos contaron que era el último día de su estancia y nos invitaron a unas copas por la noche, en la verbena que hacia la terraza de su hotel, tendríamos que ir, la verdad es que no habíamos pasado ninguna noche en esas fiestas que proponen los hoteles de la playa, al menos los dos juntos, a mí me dio un poco de corte, podría haber alguno que me reconociera y Juan todavía no sabía nada de esa noche.
 Uno de ellos colocó su mano en mi cintura y en unos instantes ya me estaba tocando el culo, ya no se cortaban un pelo, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, al parecer aquella crema que me puse estaba surtiendo efecto, el masaje que éste me estaba proporcionando me estaba poniendo a mil, me estaba subiendo la falda, esquivando como pude me senté en un taburete, mirando a la playa me sentía más segura , detrás quedaba la barra, los mirones seguían insistiendo , sobre todo uno, acariciaba mi pierna subiendo hasta donde se acababa, una y otra vez, entonces vi a Alex no me quitaba ojo,,. Al principio retiraba su mano, pero luego le deje hacer, Juan  entonces se aproximó a mi oído y me dijo:
-¡Quítatelas, lo estas deseando!
La verdad era que sí, entre el masaje al untarme la crema, Alex que no aguanto nada  y el calor que me subía por mi interior debido a la crema dichosa, estaba para reventar, solo tuve que hacer unos cuantos movimientos para dejar bis braguitas a la altura de mis muslos, el circulo que habían hecho alrededor de mi me ocultaba de la gente. Tampoco hizo mucha falta , aquel viejo mirón en cuanto vio la maniobra tiro hacia abajo y se las guardo como un trofeo, mi novio procedió entonces a desabrocharme el sujetador, aparecer le estaba gustando aquella situación, también porque vio que Alex no se perdía detalle, el bullicio de la gente encubría nuestro juego , el sujetador salió por debajo de la blusa mientras el viejo me hacía correrme con sus dedos, tuve que parar aquello,  ni era el momento, ni el sitio adecuado, no le deje seguir, era capaz de cualquier cosa en ese momento. Le propuse a Juan dar una vuelta a la manzana, para calmar el ambiente, no era hora de comer todavía.
 Terminamos nuestros refrescos, nos despedimos de ellos hasta la noche y colocándome (más bien descolocándome) la falda logré dejarla a mi gusto, a la altura de mis muslos, comencé a mover mis caderas y empezamos a caminar. No me di cuenta hasta que lo vi, estábamos prácticamente al lado del palacio de Marivent, cosa curiosa, casi enfrente, una tienda que cerraba a las diez de la noche, tenedores de plástico, etc., y alcohol, de todas las marcas que podíamos imaginar, pillamos dos de crema de orujo, dos de wiski y un paquete de seis vasos de chupito. Si la noche se daba mal, ya teníamos con que alegrarnos el cuerpo.
 Cuando llegamos al hotel subí a la habitación, mientras él se fue a coger mesa al comedor, pensé en darme crema otra vez, dejé la bolsa con la bebida y cogí el tubo. La verdad es que era un tubo raro, sin especificaciones, parecía tener un nombre alemán, lo cierto es que desde que me lo apliqué por la mañana cualquier roce aumentaba notablemente mi calentura, me unte un poco y lo metí dentro del bolso.
De pronto llamaron a la puerta, pensé que era mi novio, algo que se le habría olvidado, abrí la puerta sin preguntar. Era Ricardo:
-Hola Merche…lo que me pediste esta mañana tiene su precio…
Diciendo esto saco una tela y me vendo los ojos, me cogió del brazo y me llevo a otra habitación, en la misma planta, alguna habitación que quedo vacía esa mañana, pronto advertí la presencia de más gente, no estábamos solos, alguien me desnudo mientras Ricardo me decía al oído:
-Recuerda que tu novio te entrego a mí.
-Sí. Le respondí yo.
Seguidamente doblo mi cuerpo hacia delante y sentí que algo quería entrar dentro de mi boca, debía estar bastante grueso, su barriga me daba en la cabeza cuando la paso toda dentro, solo me dio tiempo a darle cuatro o cinco chupadas, note su presencia detrás cuando metió dos dedos en mi ano para dilatarlo, pues la mano para impedirlo, un acto reflejo que me costó un azote en el trasero:
-¡Quieta, puta! Escuche una voz que no reconocía. Comprendí que ese hombre estaba excitado a tope. Siguió hablando pero ya no se dirigía a ni:
-Parece que está bastante buena y un poco rebelde, como a mí me gustan.

 No era muy delicado que digamos, la introdujo toda de golpe sin vacilar, con movimientos cada vez más acelerados a la vez que azotaba mi trasero sin piedad, solo tardo un par de minutos y todo acabo, me había usado para aliviarse, no conto conmigo para nada. Ricardo me dio mi ropa y me acompaño a mi habitación sin dejar ponérmela, no entendí nada.
Me coloque la ropa, tenía el trasero rojo y baje a comer, ya estarían echándome de menos. Cuando pasé al comedor allí estaban los tres, mi novio como de costumbre medio embobado por los encantos de Diana, cualquier movimiento que ella hacia era motivo para desviar su mirada del plato.
 Yo pensaba que Diana iba a montar otra escenita, pero no, llevaba puesto el mismo pareo y la parte de abajo del bikini, aparte de las miradas provocativas hacia mi novio durante la comida, entre chistes y comentarios no pasó nada, yo mientras buscaba el desconocido que me acababa de follar por detrás el culo, por lógica tendría que estar allí. Terminamos de comer y subimos a la habitación, quería descansar un poco más antes de ir de compras, no le dije nada a mi novio, eso de los azotes no era para comentarlo.
 Un par de horas de siesta, me levante como nueva, me puse el blusón con aberturas en los lados, el que me compró Ramón, un cinturón para subirme las aberturas hasta donde yo quisiera,  unas braguitas y unas sandalias blancas de tacón, no necesitaba más, estaba cómoda y fresquita, cogí en bolso y llame a su puerta, Diana ya estaba preparada y salimos del hotel. Me di cuenta de que practicaba una competencia disimulada, si yo movía las caderas, ella un poquito más, si se movían mis pechos, ella los movía un poquito más, despertó mi curiosidad por saber hasta dónde podría llegar.
 El destino había dejado en mis manos vestir y preparar a la presa que iba a devorar la bestia, iba gustosa a desarrollar mi trabajo.
 La primera tienda, ya me conocían, había ido más de tres veces en cuatro días, los dos dependientes nos saludaron, de allí era el blusón que llevaba puesto.
-Buenas tardes, que desean. Preguntaron.
-Algo fresquito, para la noche. Respondió Diana.
 Sacaron tres vestidos largos.
-¡No, no, cortos para bailar! Aclaró Diana.
 Nos enseñaron algunos para elegir. Ella eligió uno azul cortito y otro negro no mucho más largo, con un poco de vuelo. Yo no los hubiese elegido mejor para mis planes. Fuimos al probador y se desnudó, tenía un cuerpo espectacular y unas curvas de escándalo. Se probó el azul y luego el negro, me pregunto que como le quedaban. Bien le dije yo, el negro un poquito largo.
 El dependiente, que estaba boquiabierto, pues yo había mantenido abierta la cortina que hacía de puerta en todo momento, al oír mi comentario vino hacia nosotros para ofrecer un arreglo gratuito de la prenda, ella acepto, en una hora estarían las prendas listas. Yo le advertí a Diana que aquellos vestidos eran muy finos y que la ropa interior se le iba a notar, a lo que ella respondió:
-Con usar ropa interior oscura o no usar ninguna se soluciona el problema.
 Me lo estaba poniendo en bandeja. Toda los tabúes que tenía desaparecía cuando Alex no estaba presente. Iba ella solita a la boca del lobo. Esperaba que las compras se alargaran un poco más, pero no fue así, en la primera tienda que habíamos entrado se acabó todo, se puso el vestido azul dándolo por estrenado y salimos en dirección a un bar que había frente a la tienda. El vestido azul que llevaba si era fresquito, era tan fresquito que se transparentaban sus bragas y su sujetador, cuando pasamos al bar, al trasluz de la puerta era como si no llevara vestido.
 Pedimos dos cervezas y fuimos al servicio a retocarnos, yo le comenté que se le transparentaba su ropa interior y ella se la fue quitando, primero el sujetador, ya no se le verían las tiras de los hombros de éste, después sus braguitas deslizándolas por sus piernas hasta el suelo.
 Abrí mi bolso sacando un pintalabios y ella vio el tubo de crema misterioso, me pregunto, para que era. Yo le conteste que era un relajante, que me dejaba como nueva. Atrevida como era ella, cogió el tubo y se aplicó una cantidad considerable, terminamos de componernos y salimos dispuestas a degustar una cerveza, me senté en la primera mesa a la derecha de la salida del servicio, ella fue a por las dos cervezas a la barra, diez metros de pura exhibición, era imposible no mirarla, el movimiento exagerado de sus caderas provocaban un movimiento acompasado de sus pechos, parecían moverse libremente dentro de ese vestido semitransparente. Era inevitable que atrajera la mirada de alguno de los paisanos que estaban mirando el futbol en el televisor, una vez sentada Diana en frente de mí, observe que entre aquellos hombres conocía a dos eran los del karaoke, ya me había olvidado de ellos,  solo tardó un minuto en acercarse un paisano a presentarse:
-Hola, soy Antonio, te he escuchado y no pareces de aquí. Preguntó dirigiéndose a mí.
-No, soy del centro de la península. Respondí haciéndome la loca.
 Antonio pidió tres cervezas más y las trajo a la mesa, Diana le hizo un sitio, para que se acomodara, no sé si lo hizo a propósito, pero al retirarse subió tanto el vestido que se hizo evidente que no llevaba bragas, acto que envalentonó a nuestro nuevo amigo. Mientras me explicaba, que era de Bolaños de Calatrava, un pueblo de Ciudad Real, que fue allí de vacaciones y se quedó a vivir, estaba metiéndole mano a Diana que no oponía resistencia alguna, yo apreciaba como se iba abriendo de piernas más y más debajo de la mesa, su cara se iba transformando poco a poco, sin duda la crema que se había puesto estaba empezando a hacer efecto, estaba saliendo la putita que tenía dentro. Antonio subió su mano hacia los tirantes del vestido y los apartó, dejó los dos pechos al aire, tenía los pezones de punta, Diana estaba a tope y Antonio lo sabía.
-¡Ve al servicio y desnúdate! Le ordenó.
 Me quedé perpleja, Antonio se fue en dirección a la barra y Diana se levantó sin decir palabra. Estaba tan caliente que parecía que no tenía voluntad. Pase a ser una mera espectadora, nadie me dijo nada. Me moví de asiento para ver lo que ocurría en el servicio pues ni la puerta cerró al entrar, vi como deslizo su vestido hasta el suelo, lo recogió y lo dejo encima del lavabo. Al momento apareció Antonio con un amigo y entraron los dos al servicio, la cogió por detrás mostrándole los pechos puntiagudos a su amigo que enseguida saco su polla de las bermudas que llevaba y la empezó a mover. No había palabras, ella sola doblo su cuerpo para saborear esa polla desafiante, no le hicieron falta indicaciones, sabía perfectamente lo que ellos querían y se lo iba a dar.
Antonio inmediatamente comenzó a follarla por detrás, no tardaron en llegar los jadeos de Diana que perecía estar fuera de sí, agarraba esa polla con fuerza como si se le fuera a escapar, yo quede inmóvil, como si no estuviera allí.
 Termino Antonio sin sacarla, dentro de ella y su amigo ocupo su lugar, siguieron los jadeos mientras Antonio abandonaba los servicios captando mi atención, se dirigió hacia mí y se sentó a mi lado para terminar su cerveza.
- La próxima vez que quieras follar, ven sola, no distraerás mi atención.
 Me dijo al oído mientras me acariciaba los muslos.
- Te he reconocido desde que entraste por la puerta, también estuve aquella tarde en la discoteca que fuiste con tu pareja y me quede muy caliente. Me aclaro momentos después.
 Me di por invitada si algún día me apetecía volver. Los jadeos pararon y el amigo de Alberto salió del servicio, Antonio se levantó y junto con su amigo abandonaron el local. Yo me levante y fui al servicio, allí estaba Diana recomponiéndose el vestido, queriéndose disculpar por su comportamiento. Hasta me hizo prometer que no se lo diría a Alex. Comprendí que Diana estaba en mis manos desde entonces y descubrí que también me gustaba ver desde fuera esas situaciones, estaba muy caliente y el modo en que me había hablado Antonio me puso más todavía.
 Diana se colocó el vestido como pudo y salimos a la calle a que nos diera un poco el aire, iba temblorosa, como si no se creyera lo que acababa de hacer, me confeso que con dos a la vez no lo había hecho nunca.
Un beso a todos, gracias por los correos os aseguro que los leo todos e intento contestarlos.
Me despido, como siempre, vuestra.... Merche

 

viernes, 19 de julio de 2013

Vacaciones en Mallorca Dia 4 Parte 2. Sta Maria de Cami

Vacaciones en Mallorca Dia 4 Parte 2. Sta Maria de Cami

Un nuevo juego que termino gustandome, aunque fue algo duro al principio, Sta Maria del Camin aquel pueblo fue mi iniciación, mi castigo y mi premio a la vez.

 

 Cuando entré en el servicio me quedé pensando, no había marcha atrás. Me pregunte donde estaba Juan. Mientras tanto yo oía las risas y el intercambio de opiniones de Ricardo y sus amigos, calificaba a mi novio de cornudo y tonto, deduce entonces que Juan no se encontraba allí,  estaban decidiendo mi futuro inmediato, por lo que escuche no tenían nada decidido hasta ese momento.
 Me coloque el vestido y me mire al espejo que había en la mampara de la ducha por ser este de cuerpo entero, Si hubiera elegido el vestido a propósito no lo habría hecho mejor, mis pezones estaban tan duros que parecían querer perforar aquel vestido, que al ser ajustado por la parte de arriba dibujaba la redondez de mis pechos.
 No tuve mucho más tiempo, se abrió la puerta del servicio, entró Ricardo, me levanto el vestido por atrás y dándome un azote en el culo me pregunto al iodo:
- ¿Está preparada mi perrita para dar una vuelta?
 Yo le conteste que si, en voz baja, Ricardo lo dio por no respondido y dándome otro azote, esta vez más fuerte, me repitió la pregunta, contesté en voz alta que si mientras miraba a los amigos de Ricardo que lo estaban viendo todo desde el portal.
 Ricardo me agarro por los hombros y me llevo hasta la salida sin esperar ningún reproche, en ese instante era mi amo y yo su sumisa.
 Salimos de la casa, mire para ver si mi novio estaba por allí, efectivamente no se había movido del coche y nos dirigimos a lo que parecía ser una tasca, antes de entrar eche una mirada a Juan que comenzó a andar aproximándose. Un local bastante viejo, poco iluminado. Tuvimos que bajar tres escalones para acceder a su interior, la luz era suficiente para distinguir bien las caras de los que estaban allí, cuatro mesas vacías y una más, ocupada por cuatro señores degustando un vino con su tapa correspondiente, a juzgar por su apariencia trabajadores del campo, casi jubilados diría yo, en la barra el camarero o dueño del local, y a la izquierda sentado en un taburete, el que parecía ser el tonto del pueblo a juzgar por su cara desencajada.
 Avance por la tasca, todos se quedaron mirándome, no parecía un local donde entrarán mujeres muy a menudo, mis pezones puntiagudos y el balanceo de mis pechos iban robando las miradas, mis vaivenes de caderas, que yo exageraba un poco paralizaban sus movimientos hasta llegar a quedar todos quietos.
 Estando ya en la barra Ricardo pidió tres cervezas y un agua fría. Sirvieron las tres cervezas y el agua, sin avisar Ricardo cogió el agua fría  y me la echó por encima de mis pechos. Al instante el fino vestido se hizo transparente mastranzo la coloración de mis pezones. Me había cogido por sorpresa. Toda la magia y el erotismo que había conseguido con mi entrada se desvanecieron en un instante.
Advertí la presencia de Juan que entro en ese momento en aquel local, se acomodó en la barra y entre risas Ricardo le pidió una cerveza:
.-Tómatela tranquilamente, que te la vamos a dejar suave. Dijo Ricardo mientras sea amigos se reían.
Los cuatro señores mayores se percataron de que algo raro estaba pasando allí, no dudaron el levantarse y aproximarse. Tampoco hicieron falta muchas explicaciones, cuando llegaron a mi altura, Ricardo levanto mí vestido de atrás entonces me ordenó:
-¡Ábrete de piernas!...¡Mas!....¡Mas!
 Yo me iba abriendo de piernas mientras el agua se desplazaba para abajo haciendo mi vestido a la vez más transparente.
Quedé con las piernas abiertas a tope, apenas guardaba el equilibrio. Los jubilados parecían no creerse a juzgas por sus caras de lo que estaba sucediendo, uno a uno fueron pasando para tocarme cuanto quisieron, mientras Juan , permanecía quieto , tan solo un intento de frustrar aquello, claro que lo impidió un amigo de Ricardo, mientras tanto  iba subiendo mi temperatura , tantas caricias y tantos tocamientos terminaron por ponerme a mil.
Ricardo pronunció tres palabras:
-Gori, ven aquí.
El que pareció ser el tonto del pueblo se levantó y vino hacia nosotros, vaya espécimen, me sacaba más de la cabeza, su cuerpo era todo musculo, mire su paquete fijamente, era enorme y parecía que iba cobrando vida propia, pareció que su polla luchaba por salir sola de ahí.
-¿Qué te parece? Le pregunto Ricardo.
 El medio bestia sin pronunciar palabra alguna metió su mano por debajo de mi falda y agarro mi coño con fuerza. Ricardo tuvo que intervenir y calmarlo diciéndole mientras retiraba su mano:
-Tranquilo, tranquilo Gori, ésta  puta todavía no está preparada.
Abriendo una puerta me condujo hasta ella, un pasillo de unos diez metros y después lo que parecía ser una cochera con una estantería metálica incrustada en la pared. Me desabrochó el vestido y me lo hizo quitar, me puso mirando a la estantería y sacando una cuerda me ato la muñeca derecha a ésta, lo mismo hizo con mi muñeca izquierda. Luego saco una tela y me vendo los ojos. Se acercó a mi oído y me dijo susurrando:
- Te juro, que hoy te vas a correr como nunca te has corrido.
Escuche como destapaba un bote o algo parecido y note como untaba por fuera de mi ano algún producto para luego introducirlo con un dedo por dentro. Hizo lo mismo con mi coño esmerándose un poco más en mi clítoris, yo me estaba corriendo de gusto cuando paró de golpe y me pregunto:
- ¿Te está gustando zorra?
Sin esperar mi respuesta me atizó una palmada fuerte en mi trasero que hizo tambalear mis tetas de un lado para el otro, a continuación metió tres dedos en mi coño de golpe, el dolor y el placer se fundieron saliendo de mi garganta a modo de grito ansioso pidiendo más. Paró de nuevo Ricardo y noté como se iba introduciendo dentro de mi coño algo frio diferente, algún objeto pensé yo, Ricardo se acerado mi oreja y me susurro:
-No te preocupes putita dentro de unos minutos estarás lista para nosotros.
Percibí como se alejaba Ricardo dejándome con los ojos tapados y algo ocupando todo el interior de mi coño, algo que pareció hacerse más grande cada minuto
 A los dos minutos, que mí me parecieron dos horas, oí como se acervan pasos de nuevo, pasos de más de una persona, en silencio, note como se detenían al lado de mí. Una mano en mi espalda que bajaba despacio, por toda mi columna vertebral, para detenerse en mi ano acariciando la entrada de éste. En mi cara el contacto de una tela fina que cubrió mi boca, me estaban amordazando. Sentí que mi ano estaba siendo invadido por otro objeto, pareció más pequeño que el que ocupaba mi coño, pero igualmente me llenaba entera, a la vez que este instrumento entraba dentro de mí percibí como iban masajeando mi clítoris cada vez más deprisa. Me corría una vez tras otra, mi cuerpo se retorcía de placer, pero mis gritos de deseo se ahogaban en el pañuelo que cubría mi boca, sólo unos pocos sonidos sordos escapaban por mi nariz. Estaba rodeada por gente que no veía, no sabía cuántos eran, el aspecto que tenían, ni los planes que guardaban para mí. Eso sí, un olor a vino barato lo empezó a cubrir todo, deduje por ese detalle que los que estaban sentados en aquella mesa, aquellos viejos también estaban allí.
 De pronto paró todo, me estaban retirando aquellos objetos que estaban dentro de mí, despacio sin prisas, para que yo notara el alivio de esa presión que salía de mi interior.
 Una breve pausa, enseguida empezaron los masajes sobre mi trasero castigándolo con azotes de vez en cuando, era inútil intentar gritar o esquivar, notaba como cada vez la piel se hacía más sensible a los golpes que recibía, como cada vez me gustaba más esa mezcla de dolor y placer que me invadía.
 Uno de ellos se puso detrás de mí, percibiendo su calor corporal me preparé para su penetración, por fin, era lo que yo necesitaba en ese momento, fue de golpe sin avisar, un movimiento frenético se apoderó de él, su polla entraba y salía con suma facilidad, hasta dentro toda entra y toda fuera en una fracción de segundo. Yo me retorcía de placer, igual de rápido fue su final, con toda su polla dentro exhalo fuerte la primera vocal y me inundó de semen. La sacó de golpe, el fluido que se hallaba dentro de mi empezó a escurrirse por mis piernas que empezaban a temblar, uno de ellos se dio cuenta de la situación pues me desato las muñecas y cogiéndome del cuello me doblo hasta apoyar mi cara derecha en lo que parecía ser una manta, quede de rodillas con la cara y mis pechos pegados a la manta, me abrió las rodillas estaba completamente abierta, expuesta a todos los que estaban presentes.
 Noté como una mano acarició mi culo, introduciendo un dedo en mi ano que ya estaba dilatado por el objeto que me metieron anteriormente, luego introdujo otro dedo más, se posiciono detrás de mí, y sacando los dos dedos fue insertando su miembro, despacio muy despacio hasta tenerla toda dentro,.
 Al principio me dolió un poco, pero el dolor fue dejando paso al placer, metió su brazo abrazando mi cintura hasta que sus dedos alcanzaron mi clítoris masajeándolo suavemente. Otro me quito el pañuelo que cubría mi boca, pero ya no sentía dolor, eran sonidos de placer los que emitía mi boca.
 Lo estaban haciendo bien, sabían conjugar en su justa medida lo que pedía y lo que merecía. Viendo todos ellos que aquello me gustaba, animaron a acelerar la velocidad que fue creciendo progresivamente terminando en un grito de placer, los dos juntos.
 Este último se levantó y oí como se alejaban unos pasos, a continuación unas manos me descubrieron los ojos, ya podía ver, pero no podía creer lo que estaba viendo. Sólo quedaban tres personas a mi lado, Ricardo, Gore y Juan mi novio, había esto presenciando todo el espectáculo. Ricardo me dio la vuelta, así quede boca arriba y me abrió la piernas del todo ofreciendo todo mi sexo a Gori, que parecía muy alterado, nervioso comenzó a quitarse la poca ropa que le quedaba. Era increíble este tal Gori, todo cubierto de pelo y con un miembro entre las piernas exagerado, descomunal, mitad hombre mitad bestia, se acercó a mi hincando las rodillas en el suelo, cuando estuvo a la altura de mi coño cogió una pierna con cada mano y las doblo hasta casi tocar mis pechos, apunto su polla hacia mi coño sin manos y la introdujo de golpe dejándola dentro. Yo en esa posición no me podía ni mover pero me sentí llena en un instante.
 Empecé a notar algo raro en mi interior, no sé si era por el contacto del  pelo de su cuerpo o la posición ciertamente incomoda, esa polla parecía tener vida propia dentro de mí, parecía que se alargaba y se retorcía buscando todos los rincones de mi interior, era una sensación que nunca había experimentado, era un orgasmo tras de otro, empezó a mover de dentro a fuera con un movimiento arrítmico, que me volvía loca, yo no paraba de gritar de placer.
 No tardó mucho, pro yo ya estaba satisfecha con creces, la saco y extendió su lluvia por todo mi cuerpo.

 Yo intenté limpiarme pero Ricardo me lo impidió. Gori se levantó y se fue vistiéndose por el pasillo.
 Ricardo cogió mi vestido y se lo entregó a Juan que estaba como ido diciéndole:
- Aquí te la entrego, satisfecha como habíamos acordado.
 Ricardo metió sus manos en el bolsillo y desapareció por el portal dejándonos solos allí, Juan se acercó y me ayudo a levantarme, apenas me sostenían mis piernas, me puso el vestido que estaba húmedo todavía preguntándome:
- ¿Estas bien cariño?
 Yo asentí con la cabeza, todavía no me salían las palabras.
Salimos por una puerta que tenía aquella cochera, en la calle, en la misma puerta estaba el coche que había alquilado Juan, me ayudo a subirme a él y antes de andar un kilómetro ya estaba dormida, estaba extenuada.
 Habían sido cuatro días de locura continuada. Disfruté como nunca había imaginado, no solo eso, sino que cada aventura me llevaba otra más excitante todavía.
 Gori, Gori, repetía en mi cabeza, como dominar a esta bestia, Gori Gori..Diana..Gori...Diana...Diana
En mi cabeza ya se estaba preparando un plan para darle a Diana lo que se merecía. Diana había pedido guerra y yo no la defraudaría, tendría su bestia correspondiente.
Un beso a todos y hasta pronto, se despide ciempre vuestra ....Merche
Ya sabeis

jueves, 18 de julio de 2013

Vacaciones en Mallorca.Dia 4 .Parte 1. Bar aleman

Vacaciones en Mallorca.Dia 4 .Parte 1. Bar aleman

El cambio de mi vestuario era necesario, al final fue tanta la provocacion que acabé en un bar haciendo una locura.

Gracias a todos por vuestros correos, la verdad es que me motivan para seguir recordando.


Me desperté yo primero, era temprano todavía. La luz ya inundaba la habitación, me puse de pie y le estuve observando detenidamente, Juan era perfecto, había tenido mucha suerte al conocerlo, un hombre que me comprendiera, como yo era, con mis gustos y manías.
 Fui hacia la terraza y abrí la puerta dejando que entrara la brisa del mar, ni una nube se divisaba, era un día hermoso, mire para abajo y como de costumbre la playa se estaba llenando, pero no teníamos planeado ir, nuestros planes eran darnos un descanso y disfrutar uno del otro plenamente aquel día.
 Juan se despertó estirando todo su cuerpo, se veía esplendido, se levantó sin decir palabra y vino hacia mi dándome un beso profundo con los ojos cerrados, yo respondí colgándome de su cuello con los brazos y pegando mis senos contra su pecho. Una escena para no olvidar en la vida y para estarle siempre agradecida.
-Estas  preparada cariño. Me dijo.
 Había planeado cambiar un poco el escueto vestuario que tenía. Juan no es mucho de ir de compras, siempre odio el hecho de esperar a que me  probara una a una todas las prendas que tenían en la tienda de turno, pero sabía que desde ahora en adelante todo iba a ser diferente, que lo disfrutaría.
-Tendremos que desayunar algo. Y yo le replique:
-Baja tu primero y pide el desayuno, voy a ver qué hago con este vestido,  Refiriéndome al vestido morado con flecos que lucí el primer día en la disco.
 Me quede pensando en lo ocurrido el día anterior y en las consecuencias que podría traer para nosotros cuando las vacaciones terminaran.


 A los cinco minutos baje, era increíble, había conseguido transformar aquella ropa convencional en pura provocación. El escote de la chaqueta dejaba muy poco para la imaginación y enseñaba gran parte de mi vientre, la falda parecía haber encogido cinco o seis dedos, y la pierna al andar asomaba por una raja a la derecha que mostraba casi todo su muslo, había doblado la cinturilla de la falda para ese fin .Con cuatro puntadas aquí y allá, consigue dejarla a mi gusto y al de Juan a juzgar por la cara que puso al verme Tome el  desayuno, no sin antes advertir la mirada de aquel camarero  y salimos, poca gente en la calle, era temprano pero ya hacia bastante calor.
 Empecé a andar, ese movimiento que adoptaba mi cuerpo al avanzar, no pasó desapercibido para mi novio, era como una persona nueva, mi erotismo fluía sin parar, con naturalidad, era parte de mí para siempre. Mi novio me siguió despacio hasta que no pudo evitar abrazar mis caderas, ahí fue cuando descubrió que no llevaba bragas.
 -¡Íbamos de compras y no se había puesto bragas! Esto era inadmisible.
Me dijo Juan medio en broma
 Llevaba tres días en la isla y parecía que estas situaciones no paraban de sucederse, mis fantasías ya estaban completamente superadas pero continuamente iba rompiendo los esquemas manteniendo a Juan con un calentón todo el día, le dolía el miembro de tenerlo erecto, según me confeso.
Yo le respondí:
-De ahora en adelante no iré nunca de compras, iré más bien de caza.
 Cada palabra, cada sonido que salía de mi boca, parecía bien pensado y calculado para provocar en él una reacción térmica, el contacto con mis caderas y la mirada que le dedique convirtió su sangre en lava.
 La primera, una tienda de regalos, cacharros y trastos inservibles, un montón de estanterías repletas de cosas sin importancia. Dentro del local diez o doce clientes, la mitad hombres, que acompañaban a su pareja con cara aburrida. Comenzó el espectáculo, me agache por primera vez, mi marido que estaba detrás de ella pudo ver el final de sus piernas perfectamente, lo hice despacio para atraer la mirada de dos señores que estaban frente a mí.
Miraba aquellos objetos como si estuviera buscando algo, en realidad mi novio sabía lo que estaba buscando, la atención de aquellos señores. Las miradas lascivas sobre mí, provocaban mi excitación que Juan percibía por el cambio de movimientos, lo hacía adrede para mostrar mis pechos, uno primero, después el otro. La atención que robaba era tal, que mis victimas tropezaban unas con otras. Yo sabiéndome observada di un último giro de tuerca, me puse en cuclillas abriendo un poco las piernas, dejaba así entrever que no llevaba ropa interior alguna, proponía una panorámica extensión de todas mis intimidades.
 Después de esta escena me levante cogí dos cacharritos y avance por el estrecho pasillo, como buscando alguna otra cosa, sin mirar siquiera a los allí presentes, pero procurando el roce con ellos, que tampoco hacían nada por apartarse, movía mi trasero  esperando el contacto. Una mirada bastaba para cortar la respiración, la perversión se notaba en el ambiente. Llegamos a la caja y salimos a la calle. Tenía el pulso acelerado y conversamos un poco sobre el tema y dije:
- No sé qué me pasó, pero si alguno hubiera dado el primer paso habría perdido el control, no me hubiera negado a hacerlo allí mismo.
 Prendas inutiles, era casi imposible ponerme esto

Tocaba ahora una tienda textil, no era muy grande, un mostrador a la izquierda unas barras con ropa a la derecha y frente a estas dos probadores con cortinas como puertas. Empecé a elegir camisetas, camisas, una faldita por aquí, otra por allí, le entregue las perchas con toda la ropa a Juan  y fuimos hacia los probadores. La gente entraba a la tienda y pude comprobar que teníamos seguidores, hombres que ya había visto en la tienda de regalos, la insinuación había dado sus frutos, querían seguramente seguir viendo el espectáculo que iba regalando. Por supuesto no iba a defraudarlos ahora.
 Tome una prenda en mi mano y pase al probador, sin cerrar la cortina del todo me desnude, despacio, tampoco tenía mucha ropa para quitarme, el espectáculo había comenzado, desnuda en aquel probador tan solo Juan obstaculizaba la visión de todo mi cuerpo, todo me sentaba bien faldas cortas, vestidos, camisetas, camisas. Los seguidores no se perdían detalle de los movimientos que hacía. Al final con tanta expectación creada no supe siquiera que es lo que habíamos comprado. Salí peor que había entrado y Juan estaba algo descolocado.
 Nos dirigimos hacia el hotel para dejar las bolsas de ropa, pensé que le tocaría a Juan calmar la calentura pero antes de llegar a la entrada nos encontramos con los mirones del día anterior. Después de saludar subí a la habitación para dejar las compras.
 Juan me informo después, como nosotros no fuimos con ellos a la playa nudista, invitaron a la excursión a Diana y Alex, estos aceptaron gustosamente. Sacaron entonces la cámara, mostrándome a Diana en todas las posiciones posibles desnuda por completo, mirando foto a foto me puse a la derecha para compartir mi visionado.
Comente entonces:
-No parece tan inocente después de todo
Cuando terminamos de verlas todas le devolví la cámara a los mirones, por suerte las fotos de la noche de la playa no estaban allí, estos se fueron a descansar y darse una ducha, según nos dijeron.
Le dije a Juan cuando se habían alejado:
- Vaya, pues de aburridos no tienen nada
 Me cogió la mano y nos fuimos andando. A la derecha según se sale del hotel, hay una calle con escaleras que nunca habíamos pisado, me indico con la mano que quería descubrir lo que había por allí, era una calle empinada, según parecía el barrio antiguo de aquella zona, calles estrechas a los lados, aparecían y se perdían en sus propias curvas. Llegando casi arriba a la izquierda un barril en la calle y un cartel encima de una puerta imposible de leer, era un bar de alemanes. A mí no me extrañaba que fuese de alemanes, lo que me extrañaba era su ubicación.
 Pase primero preguntando si estaba abierto, era un bar pequeño, una hilera de mesas a la derecha una mesa de billar americano a la izquierda y de frente la barra que no debía de medir más de seis metros. Juan se sentó  a la izquierda de la barra en un taburete alto, yo me quede de pie y pidió dos cervezas, el camarero interrumpió la charla que mantenía con el único cliente que había allí para servir las cervezas. Este cliente ya lo había visto yo antes, pensé durante unos segundos. Era el recepcionista del hotel y así se lo hice saber a Juan.
-Bueno, mejor para él. Me dijo.

Me acerque a Juan abriéndole las piernas y enganche mis brazos a su cuello, inmediatamente  al alzar mis brazos mis pechos quedaron fuera, acerque mi boca a su oreja y dándole un mordisquito le dije:
-Álzame la falda, quiero que me vean el culo, quiero follar ahora mismo.
Había tomado la iniciativa, ya no había vuelta atrás. Bajo sus manos rodeado sus caderas mientras besaba mis pechos y comenzó a acariciar mi culo levantando mi falda poco a poco, sin miedo, esta vez no habría reproches, metía una mano por delante de mí tocando mi coño, lo tenía empapado, sus dedos entraban y salían con suma facilidad.
 Le saque la polla y la empecé a masajear mientras me contorsionaba por el gusto que me proporcionaban los dedos en mi vagina. De pronto me agache y se la empecé a acariciar con la lengua, era tremendo el gusto que me hacía sentir, de inmediato se acercó el recepcionista mirando, como pidiéndome permiso para actuar, asentí con la cabeza y el empezó a tocar mi culo mientras con la otra mano sacaba su polla, el camarero viendo la escena corrió a cerrar la puerta del local para ponerse al lado de mi ofreciéndome su polla. Yo no el rechace, la cogí con una mano fuerte y empecé a masturbarle dándole una chupada de vez en cuando.
 El recepcionista viendo como tragaba polla se dispuso a penetrarme, con una fuerte embestida la metió toda de una vez. Yo estaba como loca, acelere mi ritmo y Juan intento aguantar un poco más, era imposible, la cara de gusto y de vicio que yo ponía seguro le hicieron eyacular dentro de mi boca, no pudo aguantar. Cambiando mi boca de polla seguí con la misma intensidad, mientras el recepcionista la metía y la sacaba entera sin parar, el camarero se veía que no iba a aguantar mucho más tampoco, según mi novio poseo una lengua portentosa capaz de volver a un hombre loco en dos pasadas.
El camarero ya no aguantó más, agarrándome del pelo le saco la polla de su boca para correrse en su cara. El recepcionista tardó un poco más y dando un quejido se corrió sin sacarla. Cuando me incorpore tenía la cara y la entrepierna manchada de semen que me chorreaba sin parar. Me fui al servicio a limpiarme, tarde sólo un par de minutos, al volver todavía seguían recuperándose los tres, le eche mano al paquete del camarero y le dije:
- Que, ya no tienes más.
 No obtuve respuesta. Me había quedado a medias, era increíble mi apetito sexual.
 Pedí la cuenta, por supuesto estábamos invitados e incluso nos invitaron a volver otro día por el mismo precio.
 Salimos del bar, no sin antes despedirme de estos dos con un restregón, pusimos rumbo al hotel, era casi la hora de comer. 
Subimos a nuestra habitación, había decidido darme una ducha y cambiarme de vestido, estaba un poco manchado y pegajoso, además tenía que colocar la ropa en el armario. Entramos en la habitación y yo me dirigí a la ducha, él se dirigió a la terraza, tres minutos de ducha y salí con una toalla anudada por encima de los pechos, no se me había quitado la calentura que llevaba todavía, me senté en la cama y lo llamé:
-Juan, entra que tengo que hablar contigo.
El entró y se sentó al lado de mí sin parar de mirar mi cuerpo, esperando lo que le iba a decir.
 Yo me sinceré, le dije que me lo había pasado bien esa mañana, pero que me había excitado más con Ramón, que era un poco más dominante y que quería volver a vivir otra experiencia similar.
 No era una dominación forzosa lo que yo buscaba sino más bien una dominación consentida, sentía más morbo con situaciones no calculadas. Ya había probado el poder de seducción que tenía mi cuerpo y el control que podía ejercer sobre los hombres, que era casi absoluto. Lo que quería era perder un poco de ese control, el instante, la sumisión inconsciente al deseo del hombre que me estuviera poseyendo en ese momento. Así se lo hice saber a Juan que se quedó pensativo. No sabía muy bien donde me estaba metiendo en mi afán por descubrir cosas nuevas, situaciones distintas.
Juan me pregunto en ese momento:
-¿Estas segura de lo que me estas pidiendo?
  Luego de estar unos minutos acariciándonos sobre la cama, me puse el bikini del primer día, un pareo que me había comprado esa misma mañana y nos fuimos para el comedor.
 Allí estaban Alex y Diana que nos hicieron sitio nada más vernos entrar, Juan se sentó al lado de Dian y yo a la derecha de Alex. Cuando llevábamos unos minutos hablando saque tema de la playa nudista, me picaba la curiosidad de lo que podría pasado allí, Diana me conto que había sido una decepción por su parte, que era todo lo contrario a lo que ella esperaba, tanta gente desnuda, tantos miembros flácidos, Alex salió aclarando un poco la situación:
- Lo que Diana quiere decir, es que no había ni un ápice de erotismo, parecían personas aburridas de ellas mismas. Aclarándome así que es lo que iban buscando en esa playa. Después continúo diciendo Alex:
- Le pregunte a un camarero si todos los días eran iguales, el me respondió que la movida era al caer la tarde cuando la gente se retiraba a una arboleda que había detrás de la playa.
 En una frase, Alex me había aclarado todas mis dudas, lo que buscaban y de qué manera eran, bastante parecidos a nosotros.
 Mi siguiente mirada fue para Juan, no había entrado en conversación, estaba raro, pero pronto me di cuenta de porqué. Era Diana que le robaba toda su atención, llevaba puesto un pareo mayor que el mío, marrón de flores medio transparentes, abrochado por encima de los senos, era todo lo que tenía puesto, no llevaba nada debajo. Esto lo tomé como una provocación, pues al igual que yo me daba cuenta de las miradas de Juan, ella también las percibía y no hacia ni decía nada para remediarlo, incluso creí ver en su rostro satisfacción por ser el centro de atención en ese momento. Diana pidió permiso para ir al baño a mi novio, ante la imposibilidad de salir por otro lado, Juan se hizo para atrás unos centímetros y Diana paso rozándose con las piernas de juan quedándose su culo a la altura de su cara, era una provocación absoluta una invitación a la lujuria, al desenfreno. Alex que estaba a mi lado ni se sorprendió. La insinuación de Diana era evidente, y el calentón de Juan más todavía. Diana desapareció tras la puerta del servicio y Juan no tardó ni un minuto en excusarse para ir al baño también.
 Quedé con Alex, el pobre no sabía que decir, al parecer era ella la que llevaba el mando, otro reto más para mí. Me propuse romper todos los esquemas que tenía grabados en su interior. La perversión de Diana era algo personal desde aquel momento para mí.
 Saque una conversación sin importancia, el tiempo, la playa. Estaba cronometrando loó que aguantaría Juan en las manos de Diana. Al final fueron quince minutos lo que tardó, estuvo rápida y efectiva pues traía cara de satisfacción, a los dos minutos apareció ella, lo que tardo en arreglarse y en lavarse.
 Seguramente pensó que Juan me lo ocultaría, cosa que no pasó, cuando terminamos de comer subimos a la habitación y me entere de todo. Diana lo estuvo esperando en el servicio de caballeros, en un retrete individual, cuando pasó por su lado abrió la puerta y lo cogió del brazo metiéndolo dentro con ella, por supuesto que ya estaba desnuda por completo, sin esperar a que reaccionara le saco su polla y empezó a chuparla con empeño, toda entera aparecía y desaparecía dentro de su boca, cuando estuvo lo suficientemente dura lo sentó en la taza y ella se sentó encima de él dirigiendo con una mano el miembro para que entrara todo dentro, no hubo palabras ni tiempo para ellas, Diana empezó a moverse como animal salvaje, se escucharon pasos puertas que se abrían y cerraban, pero ella no paraba estaba poseída por el deseo en aquellos momentos, sus jadeos subidos de volumen delataban lo que allí estaba ocurriendo, parecía no importarle lo mas mínimo, entre la tensión de que en cualquier momento podrían abrir la puerta, el movimiento de los pechos y la presión de aquella vagina insaciable, según me dijo Juan, era imposible aguantar mucho tiempo. No tuvo impedimento en que se corriera dentro. Fue corto pero fue intenso.
 Después de contarme todo lo sucedido con todos los detalles le dije a Juan que mi intención era la de echarme un poco la siesta, me tumbe en la cama y me dispuse a dormir.
 Me desperté a las dos horas, estaba sola, miré en el servicio y ella terraza y nada, Juan no estaba. Abrí el armario y elegí un nuevo vestido para aquella tarde, era ligero, blanco, sin hombros, estrecho en la parte de arriba y con tablas en la parte de abajo, no muy corto, por encima de las rodillas. Me lo puse y baje al bar a ver si localizaba a Juan, estaba efectivamente allí junto a Alex, fui hacia ellos salude y pedí un café con hielo me apetecía algo fresco, cuando pude coger el hilo de la conversación me entere que estaban hablando de una salida en conjunto, es decir lo cuatro a una discoteca que había unas manzanas más allá, de estilo latino, para dentro de un par de días, por ser fin de semana. Bueno, no me disgustó la idea, aunque sabía que Diana me llevaría ventaja con esa música.
 Alex me dio un beso y se marchó, Juan me cogió de la mano para sacarme fuera.
-Mira Merche. Dijo enseñándome un coche que acababa de alquilar.
-Es nuestro mientras estemos en la isla.
 Juan me miro de arriba a abajo y continuó diciéndome:
-Además hace juego con tu vestido.
Me di cuenta que el vestido que llevaba era tan fino que las bragas y el sujetador se veían a través de él. También me quedaba como un guante hecho a medida.
Me hizo subir para dar una vuelta, pero cuando cogimos la circunvalación saco un mapa y me lo dio.
-Busca Santa María del Cami. Me dijo.
 Adiviné que algo tramaba, nos estábamos alejando de la playa hacia el interior de la isla.
 Lo fui dirigiendo hasta la carretera que indicaba esa dirección. Estaba algo nerviosa porque la imaginación de Juan me había sorprendido en más de una ocasión, que se le habría ocurrido esta vez.
Cuando llegamos al pueblo se orilló a la derecha y llamo por teléfono.
Tres palabras: Ya estamos aquí.
 Después cortó el teléfono y vi cómo se acercaba un hombre que saludo metiéndose en el asiento de atrás del coche. Era el recepcionista, el mismo con el que habíamos estado esa misma mañana.
-Este es Ricardo, desde ahora en adelante le deberás obediencia absoluta. Me dijo Juan.
Recordé entonces lo que le dije a Juan por la mañana, no había vuelta atrás.
Ricardo tomó el mando desde ese momento. Bajo del coche y abriendo mi puerta me ordeno bajar. Yo ya estaba cachonda por la situación, Juan me acababa de entregar. Empezamos a caminar en dirección a una casa, no era muy lujosa por cierto, saco una llave abrió la puerta y me hizo pasar. Mire hacia atrás buscando a Juan, Ricardo me dio un azote en el culo y me dijo:
-No te ordené mirar.
Atravesamos un portal y llegamos a un salón, la televisión encendida, las ventanas medio abiertas. Sonó el timbre de la casa, Juan pensé, Ricardo me ordeno seguir de pie y fue a abrir la puerta, al momento entraron dos hombres más, Juan no era. Estaba a merced de tres hombres, se confundían en mi interior la excitación con el miedo.
-¡Desnúdate! Me ordeno Ricardo.
Yo lo hice sin replicar, me desabroche el vestido y lo deje caer, luego me quite el sujetador y por ultimo las bragas.
Ricardo entonces apoyo mi cabeza con una mano en el asiento de una silla y con  otra me sujeto las manos en la espalda, mi culo quedó para arriba y un invitado me abrió las piernas, estaba preparada para una penetración, mi coño estaba perfectamente abierto. Pero no, este invitado me metió dos dedos de golpe en el ano que me hicieron emitir una queja un chillido corto.
Ricardo se puso como loco, era lo que estaba buscando, lo que le excitaba, ese dolor mezclado con placer era la chispa que encendía en Ricardo todo su fuego interior. De inmediato me arrodillo, metió su polla en mi boca y comenzó a mover mi cabeza, fuerte con violencia. Los otros dos me rodeaban esperando su turno, no esperaron mucho, se corrió en mi boca y ordeno que me lo tragara todo. Sin haber podido coger aire apenar ya tenía la boca llena otra vez, era un desenfreno total, este de vez en cuando me tapaba la nariz para que abriera más la boca  con el fin de respirar, igualmente se corrió y me lo tragué todo, el ultimo  la tenía más larga, me daba en la campanilla, imposible de que me cogiera toda en la garganta, aun así el seguía intentándolo. Pensé entonces que si acababan los tres en mi boca terminaría  todo allí y puse más ganas para que todo acabara cuanto antes, pero ellos lo tomaron como una provocación, pensaron que estaba disfrutando (que en realidad así era), se suponía que lo tenía que pasar mal.
Cuando término este último me lo trague todo igualmente. Ricardo me mandó al servicio a lavarme dándome el vestido solamente para que me lo pusiera. Comprendí que la tarde no había hecho nada más que empezar.


Un saludo  para todos se despide siempre vuestra...Merche
Ya sabeis estoy en Gogle+