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lunes, 24 de noviembre de 2014

Julia X

Julia X

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PD: Esta peli es mas bien S, tiene mucha carga erotica.. bueno como todas las de "Tinto Brass", con argumento,,

jueves, 3 de julio de 2014

Vacaciones en Mallorca. Dia 6 .Parte 2 . Sin protestar

**Cambio de actitud de Juan.. los estudiantes pasarón a la acción**




Aunque tenía mucho que contarle los veinte minutos del trayecto fueron suficientes, claro que Juan acabo con una erección de caballo, cuando llegamos al hotel y me baje del coche me miro de arriba abajo:
-Desde luego es que estas espectacular.
Yo necesitaba una ducha urgentemente, y él otra cosa, se apreciaba notablemente.
Eso me reconfortó en gran medida, pero ya sabía lo que me esperaba en la habitación.
Estábamos casi frente al hotel, había que dejar el coche a veinte metros, yo con el blusón, no me había puesto nada debajo y Juan con un tremendo bulto causado por lo que le había venido contando por el camino. Juan mirando hacia el karaoke que quedaba como a quince metros en la otra acera, se fue poniendo a mi lado y me pregunto:
-¿Este es el karaoke?
Yo le respondí afirmativamente mientras sentía como posaba su mano en mi trasero para clavar sus uñas levemente.
-Bueno vamos al hotel, necesito una ducha. Me dijo, mientras me subía el blusón algo más.
-Me lo has subido demasiado, hay mucha gente por aquí. Le indique.
-Lo he dejado como me gusta a mí. Me confeso.
La verdad es que había mucha más actividad, los estudiantes habían llegado se su excursión mañanera. Comencé a andar y me di cuenta que el poco aire que había terminaba por subir algo más el blusón semitransparente que llevaba, puse la mano para que no subiera más, demasiados jóvenes por allí cerca:
-No quiero que sujetes nada, ¿no te vayas a hacer la estrecha ahora? Me dijo Juan.
Comencé a andar, pero Juan no se puso a mi lado, sino detrás, a dos metros:
-¿Vamos al hotel o no? Le pregunte.
-Prefiero seguirte, quiero ver como mueves esas caderas y ese cuerpo tan deseado.
Algo había cambiado, ya no era tan pasivo como antes. Era parte activa en mi provocación.
Pasamos dentro del hotel, mucha actividad también, los ascensores, ni tocarlos, mejor subir por las escaleras. Otra vez nuestros vecinos, no sé si fue casualidad o que me habían visto pasar, pero los tenia igualmente pegados detrás, aunque esta vez el blusón estaba más subido. Sabía que me estaban viendo todo y Juan también se dio cuenta pero no hizo nada. Llegamos a la puerta de la habitación y Juan me hizo pasar:
-Dúchate tu primero que te hace falta.
Él se quedó en la puerta de la habitación, oí como entablaba una conversación con nuestros nuevos vecinos, no le di importancia y comencé a ducharme.
Una ducha rápida que mi cuerpo agradeció bastante, se trataba de eliminar la arena y el resto de fluidos que permanecían pegados a mi piel. Dos minutos y me di la vuelta para salir de la ducha, vi la puerta del baño abierta igual que la puerta de la habitación, intente localizar una toalla pero no había, en su lugar unos zapatos de tacón, comprendí entonces que había sido Juan:
-Cariño, ¿me pasas una toalla? Le pregunte.
-Merche, creo que con lo que te he dejado tienes suficiente.
El cambio de comportamiento de Juan era cada vez más evidente, tendría que salir del baño con tacones y desnuda completamente, con la puerta de la habitación abierta por completo, lo hice rápido provocando una carcajada de Juan:
-¿Qué te pasa, te volviste tímida ahora?
No conteste, pille una toalla y cubrí  lo que pude de mi cuerpo era demasiado corta para taparlo todo. Desde la puerta se podía ver más de la mitad de la cama y casi la terraza por completo.

Juan entro a la ducha, una ducha corta, incluso más que la mía. No me dio tiempo ni a levantarme de la cama cuando lo vi aparecer, sin prisas cerró la puerta de la habitación, solo la había abierto para comprobar cuál sería mi reacción al verla.
 Se dirigió hacia mí, su erección era bastante notable aun habiendo salido de la ducha. Por mi parte no había objeción, aunque en aquella playa había ido todo bien, solo me habían penetrado dos veces por la vagina y aún tenía ganas.
 Cuando llegó a mí  le pregunte:
-¿Qué has hablado con los nuevos vecinitos?
-Nada, un poco de cada cosa, no han invitado a una copa, pero eso será después de comer. Me respondió mientras acercaba su miembro hacia mi boca.
No hizo falta que me indicara nada, ya sabía lo que tenía que hacer.
-¿Crees que los de la playa estarán ya en su habitación? Me pregunto.
Instintivamente gire la cabeza, pero lo que vi  fue a nuestros nuevos vecinitos asomándose desde nuestra terraza:
-No sé si los de la playa han llegado, pero tenemos público en la terraza. Le conteste en voz baja.
Me cogió del brazo, no tuve tiempo a reaccionar, solo a sujetarme la toalla que era lo único que cubría ni cuerpo, me llevo hasta al lado de la puerta de la terraza, era todo acristalado, dos terceras partes de aquella pequeña terraza se veían perfectamente:
-Desde ahora siempre tienes que ir desnuda dentro de la habitación y no negarte a nada de lo que se te proponga aquí.
No dije nada, de todas formas aunque hubiese querido no habría podido, ya tenía la boca llena antes de terminar de hablar. Había notado un cambio en Juan, un cambio que me gustó en cierta manera.
El espectáculo estaba asegurado, me apartó el pelo con una mano mientras con la otra empujaba sobre mi nuca para que entrara toda dentro, estaba muy caliente, yo miraba con disimulo, como haciéndome la tonta, no se perdían detalle.
 De un tirón me arranco la toalla, era lo único que me quedaba, quede completamente desnuda. El círculo de personas se iba haciendo más grande cada día, comenzaba a ser peligroso estar expuesta ante tantas miradas, pero era demasiado excitante para parar:
-¡Los tienes babeando! Dijo Juan.
No estaba muy segura que los había visto, esta exclamación en voz baja resolvió mis dudas y subió mi excitación. Necesitaba ser penetrada en ese momento pero sentía que Juan estaba acabando ya. De pronto la saco de mi boca para mi sorpresa, me derramo todo sobre mi cara a pesar de tener  la boca abierta. No creo que fuera mala puntería.
Me levanté enseguida, algo me había entrado en el ojo, aquello escocia y me lave la cara, seguía queriendo ser penetrada, pero tendría que esperar.
Al salir del servicio busque a Juan con la mirada, estaba en la terraza, sin duda había dado tiempo para que los nuevos vecinos se retiraran, para luego iniciar una nueva conversación.
Me puse el pareo y unas braguitas, las ultimas que me quedaban ya. Me acerque un poco a la puerta de la terraza, tenía curiosidad por saber de qué iba la conversación, pero Juan me vio, se acercó a la puerta y me dijo en voz baja:
-Ya te dije que tenías que estar, desnuda en la habitación, y hacer caso a todo lo que te digan. Pero por esta vez puede pasar.
Definitivamente la actitud de Juan había cambiado, ya no era tan pasivo, cosa que me sorprendió, pero también me gusto:
-Es la hora de comer. ¿Me cambio o voy bien así? Le pregunte
Juan me hizo salir a la terraza:
-¿Está bien así? Les pregunto a nuestros nuevos vecinos.
-¡Bien …esta estupenda! respondieron ellos.
Empiece a andar, la terraza no era muy grande pero si lo suficiente para mover bien mis caderas. Sabía que me habían visto de chuparla, estaban sin duda calientes, por lo menos tanto como yo. Las braguitas se veían a través de aquel  pareo y los pechos se movían a su antojo:
-Bueno vamos a comer, Dijo Juan en voz alta.
Me gusto la exhibición, tenía a mis nuevos vecinos cautivados y calientes. A Juan también le gusto exhibir su hembra como me confirmó después.
Bajamos por la escalera, el ascensor tenía bastante trabajo. Los vecinitos se habían apresurado, nos seguían de cerca y Juan me aviso de ello:
-¡Los tienes locos, mueve un poco más las caderas, que se enteren de que los has visto!
Mire hacia atrás, una mirada insinuante y comenzó a moverme exageradamente, como Juan quería.
Por fin llegamos al comedor, pensé en Diana, no sabía dónde podía estar, pensé por un momento que se habría ido del hotel.
Juan por fin se decidió por una mesa, al  lado de la ventana, nos sentamos pero no divise a Diana por ningún lado.
Nuestros nuevos vecinos se sentaron en la mesa de al lado, me di cuenta de que la media de edad del comedor había bajado bastante pero aún quedaban parejas de mediana edad, el contraste era evidente.
Juan se dio cuenta de que no me quitaban ojo, era normal, me habían visto de chupársela y siendo exhibida como un trofeo, era lógico que esperaran el próximo movimiento:
-Están esperando que hagas algo ¡Enséñales tus bragas! Juan no se cortaba, estaba bastante decidido.
No espere mucho para subirme el pareo, mis muslos quedaron al aire y abrí las piernas poco a poco:
-¿Por qué no vas al servicio y te las quitas? Total ya te han visto casi todos. Me indico Juan.
Tenía razón, no iba a hacerme la estrecha  después de lo vivido esa mañana. Me levante y fui al servicio, aproveche para untarme crema,  mientras por mi cabeza iban pasando instantáneas de aquella mañana, nunca pensé que aquello pudiera ocurrir de verdad en una playa. Volví a la mesa despacio recreando mis movimientos, y nada más sentarme les di a mis observadores parte de lo que me estaban pidiendo con los ojos.
Enseguida se dieron cuenta de que no cubría prenda alguna mis intimidades, Juan insistía en que abriera más las piernas a la vez que deslizaba una mano por mis muslos intentando llegar a mis labios vaginales, Yo estaba como loca , demasiado caliente para estar en un comedor y creo que Juan se dio cuenta.
Se levantó de pronto dando la comida por concluida:
-¡Bueno, llego la hora de las copitas!!
Me levante y lo acompañe, íbamos en dirección a la habitación por las escaleras, sin mucha prisa, Juan estaba dando tiempo a los jóvenes vecinos para que  nos alcanzaran, No tardaron mucho, al instante los teníamos detrás, dos escalones más abajo pero sin intención de adelantarnos:
-¡Hola vecinos, ya traemos el hielo para las copitas!
Giré la cabeza para saludarles, no es que me miraran a la cara precisamente:
-Bien, si tenéis vasos no falta de nada entonces. Dije yo.
Llegamos a la puerta de nuestra habitación, mi intención era de ponerme algo más adecuado para la ocasión, pero no la intención de Juan:
-¡Quiero que vayas así, estas llamativamente erótica! Me dijo acercándose a mi oído.
Cogiéndome fuerte por la cintura  impidió que accediera a la habitación. Mientras tanto nuestros vecinitos ya habían abierto la suya y nos invitaron a entrar.
Dos camas separadas, una mesita de noche en medio, pero duro poco, tardaron un instante en retirarla para juntarlas, la intención era bebernos la copitas encima de  las camas. Me dejaron el mejor sitio. Al lado del cabecero, tuve que gatear para llegar hasta allí, por unos segundos mi trasero estuvo a la vista de nuestros nuevos amigos, no había forma de sentarme sin que se me viera nada, antes de terminar de colocarme ya tenía un vaso preparado hasta el borde:
-¡Vamos, como en el karaoke, de un trago! Insistió Juan.
Ni me lo pensé, en un instante el vaso quedo vacío, pero me di cuenta de que sobraban dos vasos. Mi pregunta sobre ello fue respondida instantáneamente:
-Vienen a tomar copas dos amigos más. Me respondieron mientras me llenaban el vaso otra vez.
Estaba incomoda no sabía dónde meter las pierna, Juan se dio cuenta y  me dijo al oído que me sentara como los indios. Le hice caso, estire lo que pude el blusón y me coloque en esa posición. A continuación llamaron a la puerta. Los dos amigos que esperaban entraron, el círculo me pareció demasiado grande,  parecía que había corrido la voz, las miradas que me dedicaban delataban sus deseos. Ni me dio tiempo a moverme, se abalanzaron sobre mí  para depositar un beso como saludo. En esa postura mis movimientos eran bastante limitados, así que tuve que ponerme de rodillas para recibir aquellos saludos.  Decidí seguir en aquella postura puesto que la cama parecía que iba a ser la mesa improvisada par aquella reunión. La conversación fue bastante amena, entre chistes y anécdotas me bebí dos copas más, transcurridos  veinte minutos Juan empezó a ponerse pegajoso, no dudaba en acariciarme una y otra vez el trasero por debajo de aquel pareo, consiguiendo que mis pezones  se pusieran de punta, imposible disimular con aquella prenda. Estaba deseando tener sexo, pero opte por salir a la terraza a fumar un cigarro y así se lo hice saber:
-Juan, voy a la terraza a fumarme un cigarrito.
Juan asintió con la cabeza, la temperatura había subido demasiado en aquel círculo improvisado. Lo difícil de aquella situación era salir de la cama, tuve que gatear.
 Aquella postura a cuatro patas dejó todo mi culo al aire y mis pechos a merced de la gravedad, fueron pocos segundos, pero bien aprovechados por nuestro nuevos amigos.
 La salida a la terraza fue buena idea, pero el umbral de la puerta con la ayuda del sol, hizo que desapareciera la única prenda que cubría parte de mí, apoye mis codos en aquella barandilla inclinándome un poco hacia delante
Apenas había encendido el cigarrillo cuando Juan se prestó a hacerme compañía, dentro quedaron los demás con la boca abierta, expectantes.
 No hizo falta que me avisara con su presencia, noté el calor de su cuerpo cuando se pegó al mío, gire la cabeza sin incorporarme abriendo los labios para recibir los suyos, mi espalda dibujo una curva casi imposible de trazar.
 No había fuerza humana para detener lo que estaba a punto de ocurrir, pero ocurrió un imprevisto, uno de nuestros nuevos  vecinitos tuvo la idea de cortar aquella escena:
-¡Vamos a hacernos unas fotos!
No me lo podía creer, Juan tenía cogido mi pecho derecho y con la otra mano acariciaba mi trasero mientras me comía la boca. Yo estaba deseando, pero se cortó la escena.
Todos a la terraza, todos menos uno que llevaba la cámara en la mano y empezaron a cambiar su posición, querían salir en la foto conmigo, fue una buena excusa para ir apartando a Juan de mi lado.
Las fotos se fueron sucediendo, iban turnándose y yo cambiaba mi posición, hasta que la cámara se quedó sin batería.
-¡Bueno, pues toca playa! Dijo uno de aquellos amigos.
Juan ofreció nuestra cámara para seguir con aquello:
-Merche, acércate a la habitación y la buscas. Yo voy al coche, se me olvido la cartera, nos vemos en la playa.  Me dijo mientras hacía señas a uno para que me acompañara.
Era evidente lo que Juan esperaba de mí, tendría que desnudarme nada más pasar a la habitación. Al menos tenía la excusa de ponerme el bikini. Estaba bastante caliente tanto toqueteo entre Juan y nuestros amigos lo habían conseguido.
Para cuando salí de la habitación Juan ya había desaparecido por las escaleras, abrí la puerta de nuestra habitación y entre yo primero. Me dirigí al armario nuestro amigo paso detrás de mí y me preguntó:
-¿Dónde busco primero?
-En mi bolso. Le respondí yo mientras dejaba caer el pareo sobre el suelo.
Quede desnuda ante él, sin nada encima. Era lo que me había dicho Juan que hiciera. Nuestro amigo estaba paralizado, no pensé que fuera a reaccionar  así. No tenía pensado negarme a nada, incluso me apetecía bastante, pero no se decidía a dar el siguiente paso.
Vacío el contenido del bolso sobre la cama y cogió la cámara con una mano:
-¿Cómo funciona esto? Me pregunto.
Yo me acerque encima de los tacones todavía, muy cerca, casi rozándole, le esplique por encima el funcionamiento, lo básico, yo tampoco entendía muy bien el funcionamiento, pero si para cambiar la tarjeta, no era conveniente que viera las fotos de los días anteriores. Una foto de prueba, auto foto por llamarlo de alguna manera, demasiado oscuro:
-Ponte más hacia la luz. Me dijo.
En un acto reflejo cogí la parte de abajo del bikini para taparme mi vagina, di dos pasos hacia atrás, obedecí sin protestar.
-Más a la luz. Insistió
Ya estaba pegada a la terraza, entonces vi a su amigo, solo había uno, su compañero de habitación, asomado por su terraza no perdía detalle de la sesión fotográfica.
-¿Por qué te tapas? No te preocupes, solo te vemos la cámara y yo.
Solté la pequeña prenda, aunque apenas tapaba nada. Dos fotos, se acercó para enseñármelas, me sujeto por el brazo y me llevo a la cama. Yo me senté mientras el encendía la luz de la habitación. Me giré, me dispuse a recoger todos los objetos del bolso que aún seguían sobre la cama, el seguía disparando con la cámara.
-¿Qué es eso? Me pregunto.
Tenía entre las manos aquella crema impronunciable, realmente no sabía lo que era, pero si para que servía.
-Es una crema intima, para la vagina.
Me empujo suavemente al centro de la cama.
-Enséñame como se usa. Me dijo mientras abría mis piernas lentamente.
Deposite algo de crema en mi mano derecha y mire con el rabillo del ojo hacia la terraza, su amigo seguía allí sin perderse un detalle, aquella timidez termino por excitarme todavía más.
-¡Empieza ya! Aquel cambio de tono denotaba impaciencia y me gusto, algo de autoridad que cedi sin plantármelo siquiera.
Comencé a acariciarme despacio a la vez que iba depositando lo que tenía en la mano en la puerta de mis intimidades. Pensé un momento en Juan, no sé porque esperaba que entrara por aquella puerta, pero no fue así, deduje que tendría que contárselo después.
-La crema hay que untarla por el interior. Le comente mientras introducía un dedo dentro de mi vagina.
El seguía con la cámara haciéndome fotos, Era la primera vez que me masturbaba en público, por cierto con gran placer.
-Puedes decirle a tu amigo que entre. Le indique.
De todas formas acabaría por entrar, no vi el motivo para que siguiera en la terraza mirando.
Nada más entrar note el gran bulto que escondía en sus bermudas, yo seguía acariciándome, sacando y metiendo el dedo, untándome aquella crema que me volvía loca. Se colocó al lado de mí, sin subirse a la cama. Parecía no decidirse hasta que su compañero me sujeto la mano:
-¡Ya sigo yo, pero date la vuelta!
Sin decir nada me giré mientras veía como dosificaba la crema sobre su mano. Quede de rodillas mirando hacia el cabecero de la cama. A la derecha su amigo, desabrochándose los bermudas apresuradamente con una mano, la otra la tenía ocupada con la cámara de fotos.
-¡Ábrete más!
Yo abrí mis piernas mientras notaba el roce de sus dedos sobre mi sexo. El otro se atrevió titubeante a darme la siguiente indicación:
-¡Apártate el pelo de las tetas! Quiero que salgan enteras en las fotos.
Lo hice mientras me quede mirando su miembro que asomaba ya entero. No era muy grande pero si suave al tacto.
Se notaba bastante su inexperiencia, tuve que ayudar al que tenía detrás guiando su mano con la mía, parecía tener miedo a introducir más de un dedo dentro de mí:
-Por el culo también, no soy virgen por ahí tampoco. Añadí dándole así más libertad para viajar por mi cuerpo.
- ¡Ya me conto Juan que te gusta mucho el sexo! Exclamo.
Esa aclaración me produjo tranquilidad, Juan estaba al corriente, no habría sorpresas.
Eché mi cuerpo para adelante , apoyando una mano en la cama, para aproximarme más a aquella suculenta polla que aparecía delante de mí, la agarré con fuerza no estaba muy dura, peo ya me había enseñado Juan lo que tenía que hacer, apreté fuerte tirando para debajo de ella, creció tres o cuatro centímetros al instante, el glande se hincho notablemente y oí algún quejido, no muy fuerte, el placer creo que pudo al dolor, no obstante ya me estaba corriendo e insistí con los dientes, quise experimentar.
Sabía que produciría algo de dolor, la caricia de mi lengua y el roce de mis dientes pensaban que era la combinación perfecta. Sentí como estaba siendo penetrada, seguía dilatada desde por la mañana, no le costó mucho esfuerzo, centímetro a centímetro, hasta sentirla toda dentro. Se paró ahí, mientras yo seguía chupando. Era notable la inexperiencia de aquellos dos jóvenes, yo tampoco es que tuviera demasiada, pero había aprendido rápido, así que comencé a moverme, un movimiento de vaivén algo rápido, tampoco excesivo, hasta que el miembro que tenía en la boca se empezó a hinchar. Ya sabía lo que venía después y no estaba dispuesta a que terminara ahí.
-¿Qué haces? No te la saques.
- Estás a punto de terminar, no quiero que termines todavía.
Lo que tenía dentro estallaría en unos segundos, necesitaba más tiempo, yo aún estaba empezando. Efectivamente no duro mucho, creo que gracias a mis movimientos, note como exploto dentro de mí sin sacármela,  un líquido bastante caliente me invadió por dentro. Tampoco tardo mucho en sacarla después, su compañero estaba impaciente. Ni me moví, si se apreciaba el cambio de volumen y la impaciencia, aquella espera se tradujo en un ímpetu bastante notable. Sus embestidas cada vez más fuertes hicieron que tuviera que agachar la cabeza sobre las sabanas. Aquella posición  favorecía sus embestidas dándome el placer que tanto necesitaba en aquellos momentos. No tardó mucho en correrse, ni yo en alcanzar el clímax, pero si se quedó sin fuerzas pegando su cuerpo contra el mío cuando hubo acabado.
Unos segundos para recuperarse y me dejaron sola, la excusa de que los estaban esperando en la playa fue suficiente para terminar con aquella escena.
Quedé inmóvil, creo que unos cinco minutos, pensativa, aquello se nos estaba yendo de las manos, sobre todo de las mías, lo peor es que me estaba gustando mucho. Aunque era algo peligroso, la satisfacción y la curiosidad por lo desconocido lo superaban con creces. Debía hablarlo con juan, teníamos que salir de ese círculo, claro que no sabía que opinaría  Juan de mi  parecer.
Me incorpore casi de un salto de la cama, no me esperaba que me temblasen las piernas, no había notado nada hasta que me levante. Quizás demasiado sexo, o quizás no había descansado lo suficiente esos últimos días.
Las sabanas estaban manchadas de semen, aún seguía saliendo semen de mí,  tampoco es que pensara dormir mucho esa noche, así que no le di más importancia,
Derechita a la ducha, una ducha rápida, no había tiempo para más. Juan me esperaba en la playa, seguramente en el chiringuito bebiendo algo.
Me sequé rápidamente para ponerme el bikini, pero no me sentía cómoda con él, estaba bastante dilatada, el bikini se introducía entre mis labios vaginales, era algo incómodo, no podía bajar así.
Opte por ponerme el vestido blanco, en mi estado no podría tomar el sol con ese bikini, pero si me valía el vestido para tomar algo en la playa.
Me mire en el espejo, me retoque un poco y bajé, por el ascensor naturalmente, no quería que me flaquearan las fuerzas.
La cala no es muy grande, y la zona pegada al hotel es más pequeña todavía, no me fue difícil localizar a Juan en el chiringuito, acompañado por Diana, Alex y dos personas más.
Diana estaba divina con el bikini rojo, Juan como siempre no apartaba sus ojos de ella. No es que provocara celos en mí, pero si notaba alguna desventaja con mi atuendo. Me decidí a hacerme un nudo en la parte izquierda del vestido blanco, eso dejaría mis muslos al descubierto e igualaría en cierta forma aquella situación.
 Alex seguía en su mundo, creo que no apreciaba las insinuaciones de Diana sobre todos los que la rodeaban, ni siquiera le daba importancia a que Juan la tenía cogida por la cintura.
Llegué por fin al chiringuito. Primero las presentaciones, aquellos dos hombres eran los que tenían que cuidar de los estudiantes, eran sus profesores y monitores para esa excursión. Algo delanteros en edad aunque  bastante bien ciudades.

Cogí a Juan de la mano, de la que tenía libre y le dije al oído que teníamos que hablar. Le comente mis pensamientos, había que frenar aquella situación.
-¿Es que no te gusta? Me pregunto.
-No es eso, es que el círculo se ha hecho demasiado grande. Le conteste.
Además le conté el problema que tuve con el bikini. Lo que quería en realidad era llevármelo de compras y alejarlo un poco de Diana.
La contestación de Juan me dejo un poco pensativa:
-Podemos ir al chalet de Ramón, recuerda que nos lo ofreció. Siempre podemos volver cuando queramos, no hace falta estar todo el día aquí

























miércoles, 31 de julio de 2013

Vacaciones en Mallorca.Dia 5 .Parte 2. Despedida

Vacaciones en Mallorca.Dia 5 .Parte 2. Despedida

Despedida a los mirones y algo mas, descubrí que no había pasado tan desapercibida como creía, la verdad es que cuando me enteré incluso me gustó. El concepto que tenian de mi era bastante bueno , en el mal sentido de la palabra, claro.


Nos dirigimos a la tienda y por suerte el vestido ya estaba arreglado, pasó al probador, el dependiente se quedó sorprendido, debió pensar que la ropa interior había desaparecido. A Diana ya no le importo que mantuviese la cortina abierta mientras se desnudaba, el arreglo era dejarlo un poco más corto, pero en realidad lo dejaron un poco más corto de lo que yo pensaba. Diana me pregunto que como le quedaba, le dije que bien, pero sabía que cualquier movimiento brusco dejaría al descubierto el final de sus piernas.
 Dimos por finalizadas nuestras compras, por llamarlo de alguna manera y nos asomamos a la playa, intentábamos localizar nuestras respectivas parejas, hicimos unas señas con las manos y enseguida nos vieron.
La gente estaba recogiendo sus cosas, terminaba otro día de playa, comenzaba una noche de diversión. Cuando llegaron a nosotras no dije una palabra de lo sucedido, pero cuando subimos a la habitación a cambiarnos se lo conté todo, todo menos la proposición de Alberto, eso de volver sola me lo tendría que pensar despacio.
 Otra vez delante del armario, no sabía que ponerme, si una ropa más formal u otra más alegre. Al final me decidí por la falda azul cortita, que tan buen resultado me dio. Me fui al baño y me pico la curiosidad, más cantidad  de crema en mí para experimentar de primera mano la sensación que experimento Diana, lo dejé para más tarde y me puse aquella mini que tanto deseo desataba en los hombres, por supuesto el sujetador no me hacía falta así que lo dejé sobre la cama, estaba preparada.
Juan me vio y me piropeo un poco, aquella camisa blanca semitransparente no dejaba mucho a la imaginación, cogió la mochila donde había depositado el alcohol que habíamos comprado esa mañana, nos cogimos de la mano y bajamos a la terraza, la verdad es que yo estaba estupenda.
 La música ya había empezado, pero no era esa la terraza sino la del hotel de al lado a la que teníamos que asistir, decidimos entonces dar una vuelta por la playa. Me quite los zapatos de tacón y empezamos a andar por la arena en dirección al mar.
Llegando casi a la orilla Juan saco una toalla pequeña y la puso en la arena para sentarnos,  después sacó una botella de orujo y dándome un vaso de chupito, me dijo:
-Hay que brindar, llevamos casi una semana aquí y seguimos vivos
.
Nos tomamos un par de chupitos cada uno contemplando la inmensidad que teníamos frente a nosotros, luego me dio un beso largo, profundo de los que no se olvidan, acariciándome los pechos por debajo de aquella camisa anudada que llevaba puesta.
 Entre unas cosas y otras  nos metimos más de  media botella de aquel licor y vimos como la terraza a la que nos dirigíamos se empezaba a llenar de gente,  era la hora de acercarnos  a aquel lugar.
Me acorde de la crema que quería experimentar y sacando  el tubo aplique el producto retirando un poco mis braguitas, al igual que mi amiga Diana puse gran cantidad.
 Juan  se puso de pie, me ayudo a incorporarme y recogiendo después la toalla que metió  en la mochila. Empezamos  a andar hacia la terraza y se acercó por detrás para desabrocharme dos botones de la camisa, comenzaba el juego sin haber llegado a la terraza siquiera.
Estaba bien iluminada, una pista central  y unas mesas rodeando esta pista, para beber y disfrutar de la velada, pronto divisemos a nuestros amigos, los cuatro estaban  compartiendo una mesa con Diana y Alex, al aproximarnos estos se levantaron saludando con un apretón de manos a Juan y el  restregón apropiado para mi persona, nos hicieron sitio en la mesa y nos sentamos con ellos. Diana había elegido el vestido negro, el que fue cortado, apenas cubría nada, por mucho que se estiraba, estando sentada era imposible.
Yo andaba ya caliente, entre los chupitos que me había bebido y la crema que me había untado, me estaba empezando a hervir la sangre, Juan me puso la mano encima de mi pierna, no paraba de acariciarla cada vez subía más, termine facilitándole el trabajo  abriendo las piernas un poco. Esto no pasó desapercibido para los que estaban sentados  enfrente, me excitó más aún, estaba segura de que se me veían las bragas, pero yo necesitaba más.  Me levente y me fui al servicio, tenía que quitármelas, necesitaba  sentir el contacto directo de la mano de Juan sobre las partes más íntimas de mi ser.  Cuando me las quite aproveche para untarme un poco más de aquella crema que tanta calentura provocaba en mi cuerpo. Volví  enseguida  a ocupar el mismo asiento y Juan no tardo en repetir las mismas caricias, solo que ahora no se detenía en el borde de mi coño y yo me habría libremente de piernas para facilitar su empeño.
Esto nuestros amigos los mirones lo tomaron como un regalo y sin querer depositaban sus miradas entre mis piernas. Juan debió darse cuenta de mi estado, decidió sacarme a bailar, no era cuestión de acabar follando allí mismo que era lo que estaba a punto de ocurrir.
 No era una música muy lenta,  pero a mí me apetecía en ese momento enseñar mis pechos, así que levante mis brazos lentamente para rodear el cuello de Juan y la camisa hizo lo demás  al alzarse de delante dejo al aire mis pechos que yo arrime fuertemente contra Juan, el espectáculo ya había empezado, nuestros amigos los cuatro mirones de la playa ya nos conocían, solo disfrutaban del espectáculo, pero Alex y Diana se quedaron embobados. Uno de ellos le pidió a Juan el cambio y éste acepto, no cambié de posición ante la mirada de sorpresa del mirón apreté mis pechos contra él, era evidente mi turbación y la temperatura que iba alcanzando mi cuerpo.
El vejete mirón comenzó a masajear mi trasero con una mano, bajándola de mi cintura y con la otra  acariciaba la parte baja de mis pechos, disimuladamente,  pero sin oposición por mi parte. Yo veía a Juan que conversaba con otro desconocido de la mesa de al lado, pero sin quitarme ojo, me conocía muy bien, sabía que estaba a punto de explotar.
De pronto Juan y el desconocido se levantaron y vinieron hacia mí, evitaron así un desenlace escandaloso en medio de la pista de baile, íbamos a tomar algo en la barra,  no era lo que yo necesitaba  en ese momento,  pero me hizo pensar que en el lugar donde estábamos  lo único que conseguiría  seria la expulsión de dicha terraza.
Otro chupito, el desconocido saco la conversación de las habitaciones  del hotel, que si eran muy buenas, que tenían frigorífico con bebidas, un baño excepcional, señalando una habitación en especial , estaba debajo de la de los mirones, yo pensé que me había reconocido, después me saco a bailar, ahí si me lo confeso:
-¿Así que estas aquí  con tu novio?¿Pues sí que ha cambiado tu novio!
-No le digas nada por favor, no sabe nada, de la otra noche. Le conteste yo.
Aprovecho para arrimarse un poco más y acariciarme.
En ese momento divise a Diana, la estaban sacando a bailar los mirones, se turnaban con ella, Alex, era tan inocente que no se enteraba de que la estaban sobando a conciencia. Claro que mi novio también la vio y fue a por su parte. Me quede bailando con aquel hombre en el otro extremo de la pista.
-Ven que te voy a presentar mi compañero de habitación. Me dijo
Me cogió del hombro y nos acercamos a otro desconocido para mí. Después de las presentaciones me propusieron ir a ver la habitación e insistieron.
-Bueno, pero cinco minutos, mi novio me echara de menos. Desde luego la estrella más que tenía el hotel  se la merecía, escaleras de mármol, barandillas de madera  y ascensores amplios, aunque el ascensor no lo utilicemos, subimos por las escaleras.

Llegamos a la habitación, a mano izquierda el baño, bastante grande por cierto, a continuación dos camas  y la terraza  al fondo que fue donde nos dirigimos, desde allí se podía ver la terraza con la gente bailando, se oía la música como si estuviera al lado de nosotros.
Decidí entonces probar lo blandita que era la cama, es lo que se suele hacer cuando pasas a la habitación de un hotel:
-¡Que blandita es! Exclame
Al botar en la cama, la falda se subió ya apreciaron que no llevaba nada debajo, por si quedaba alguna duda.
-Sí,  pues si es cómoda. Y sin bragas más. ¡Jajajaja!. Contesto uno de ellos
 Inmediatamente el que había bailado conmigo, me invitó a bailar en la terraza con la excusa de no haber terminado la pieza anterior, acepte mientras el otro se dirigió al frigorífico para sacar unos vasos y un poco de hielo.
 Estaba sola en la terraza con un desconocido que no se detenía  por nada, comenzó agarrándome por la cintura, pronto su mano izquierda bajo hasta mi culo y fue recogiendo mi falda hasta poder  tocarlo sin prenda alguna de promedio-
-La otra noche me quede con ganas d tocar este culo Me dijo al oído.
 El tono de su voz mientras me acariciaba el trasero me produjo tal placer que no me di cuenta de que estaba desabrochando los pocos botones que quedaban en mi camisa. En unos instantes mis pechos quedaron desnudos, al aire. Comenzó a besarlos  sin parar, noté que me estaba desabrochando la falda, pero no hice nada para impedirlo. La falda cayó irremediablemente al suelo y solo tuve que echar los hombros para atrás para que la camisa hiciera lo mismo, quede totalmente desnuda subida en los  tacones.
 La pista de baile no estaba lejos, no lo suficiente, estaba segura que se podía ver mi silueta desnuda ante la luz de la habitación, mi compañero de baile seguía propinándome caricias por todo el cuerpo y yo ya no era dueña de mi misma.
-Seguro que te gusta estar desnuda en la terraza y que te vean todos.
-Si le conteste .Mientras se colocaba detrás de mí quedando así totalmente expuesta
 El otro desconocido vino entonces en mi ayuda, cogiéndome de la mano  y llevándome hacia la cama para que me tendiera, se apodero de mi boca dándome un largo beso mientras el otro me abría las piernas para trabajar despacio mi clítoris con su lengua, no había prisas, una calma placentera invadió el ambiente, el placer se instaló en esas cuatro paredes, no había motivo para acelerar ese momento,  cuando retiro uno su boca de la mía me pregunto:
-¿Seguro que tu novio no sabe nada?
-  No, no sabe nada, Salí sola esa noche. Respondí yo.
- ¿Y de las fotos que andan circulando?
Me aclarara esa pregunta muchas cosas.
-No las fotos tampoco las ha visto. Le dije mientras me corría, la otra no paraba con su lengua.
-Entonces no sabe lo puta que eres. Prosiguió
Yo intente aclarar un poco la cosa.
-A él le gusta que me vean, le gusta subirme la falda, estas son las primeras vacaciones en lo que hago esto. Intente aclarar. Pero ya tenía la polla del desconocido dispuesta, no me dejo proseguir con mi explicación, estaba totalmente erecta y a mi disposición. Solo tuvo que abrirme un poco la boca para que yo comprendiera  que la necesitaba meter dentro, lo hizo despacio para que yo acariciara su punta con la lengua cuando iba entrando.
 El otro me metió su polla de golpe, consiguió romper aquella calma de un flechazo, me corrí a la primera embestida, era tanto el placer que parecía que mi cuerpo flotaba encima de aquella cama. , se notaba que era un experto, la metía de golpe y la sacaba despacio, me estaba volviendo loca, mientras yo seguía chupando cada vez más deprisa. Yo apreté los músculos de mi vagina intentando  retener aquella polla que me estaba dando placer y lo que conseguí fue una pronta eyaculación por su parte, pero enseguida cedió su sitio al que tenía ocupando mi boca, no se lo pensó, en un instante ya la tenía toda dentro. De momento se abrió la puerta, era otro individuo.
Pedí una explicación no sabía cuantos amigos eran, me dijeron que estaban todos.
 Le indique con el dedo índice al otro desconocido que se acercara, ya sabía lo que quería, se la fue sacando mientras se aproximaba y la introdujo en mi boca sin siquiera pararse. Yo continúe chupando, lamiendo, todo me parecía poco.
 El desconocido que me estaba follando no tardó mucho en correrse, entre la chupada que le di y lo jugoso que tenía el coño se deshizo en un alarido de placer. Pronto el otro quiso ocupar su puesto pero el que acababa de fallarme lo  paro diciéndole:
-Espera que queda una sorpresa, esta puta que lleva toda la semana enseñándonos su culo por la terraza es hora de que nos lo dé.
 Me dio la vuelta y doblo mis piernas y mi culo quedo indefenso. No lo dudo un instante, el desconocido me penetro por detrás, pero no sentí nada de dolor, esa crema era especial, ni siquiera al principio, consiguió metérmela entera sin esfuerzo aparente, estaba totalmente dilatada.
-¿Parece que te gusta? Me pregunto.
-Sí, si me gusta, ya lo sabes. Le respondí.
 Paso su mano por debajo y continúo acariciándome el coño mientras se movía, no sé cuántos orgasmos tuve, no los podía contar, no daba tiempo. Exploto dentro de mí, dejando caer su cuerpo contra el mí, sin duda  quedo sin fuerza, un instante de flaqueza que muchos hombres tienen después de correrse. Me dio un beso en la espalda y se levantó. Yo quede inmóvil, también necesite un momento para recuperarme de tanto orgasmo incontrolado, el tiempo necesario para que los desconocidos prepararán unos combinados, cosa que yo agradecí, bueno , más bien mi cuerpo, que estaba sudoroso.
 Bebí el primer cubata de dos tragos, lo que tardaron en ponerme otro, salimos los cuatro a la terraza yo me enrolle una sábana y nos fumamos un cigarro, no había mucho que decir, todos estábamos satisfechos. Pase para vestirme pero sin prisas, había perdido la noción del tiempo.
Sin más me despedí un beso a cada uno y bajé en dirección a la verbena, mi novio ni se había enterado, seguía bailando y observando a Diana que no paraba de enseñar su trasero. Alex seguía sin enterarse de nada. Mientras Diana iba cambiando de manos cada quince segundos. Avise a Diana de que se le estaba viendo las braguitas, su reacción me extraño un poco, en vez de parar de bailar se movía mas todavía

 Le dije a Juan que quería terminar la fiesta, estaba un poco cansada, había sido un día bastante largo, vi que Juan  se lo estaba pasando bien así pues le pregunte si quería quedarse, yo me iría sola, pero no quiso, nos despedimos de todos y nos dirigimos a nuestro hotel, subimos a nuestra habitación sin pararnos en ningún sitio. Había estado bien el día yo por lo menos estaba satisfecha. Esa noche dormimos abrazados toda la noche. No sé cómo termino la noche para Diana, pero se lo estaba pasando en grande.

Tan solo un beso para cada uno, sois muchos
y un abrazo , hasta siempre y para siempre  vuestra....Merche

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viernes, 26 de julio de 2013

Vacaciones en Mallorca.Dia 5 .Parte 1. Crema Milagrosa

Vacaciones en Mallorca.Dia 5 .Parte 1. Crema Milagrosa

Vacaciones en Mallorca.Dia 5 .Parte 1. Crema Milagrosa--La reación que producia esta crema en Diana era espectacular, hasta yo me quede sorprendida y los mirones no pierden el tiempo.

Habían sido cuatro días de locura continuada. Disfruté como nunca había imaginado, no solo eso, sino que cada aventura me llevaba otra más excitante todavía. Gori, Gori, repetía en mi cabeza, como dominar a esta bestia, Gori Gori...Diana...Gori...Diana...Diana En mi cabeza ya se estaba preparando un plan para darle a Diana lo que se merecía. Diana había pedido guerra y yo no la defraudaría, tendría su bestia correspondiente.
Llegamos al hotel sin darme apenas cuenta. Subimos a la habitación y yo le pedí a Juan que al día siguiente no hiciera planes, quería un poco de tranquilidad, había superado todas las expectativas para esas vacaciones. Mientras me preparaba para una ducha Juan me dijo que iba a por comida china, que hoy cenaríamos en la habitación.
 Juan tardo aproximadamente veinte minutos. Cuando llegó me comentó que se había encontrado con Alex y Diana, que había estado hablando con ellos. Nos habían propuesto ir juntos el sábado a la disco latina que había por allí al lado, que el sábado estaría más animada. Bueno, pensé yo, era jueves, tenía todo el viernes para descansar. Cenamos tranquilamente y me dispuse a descansar, disfrutar de una noche tranquila no me vendría nada mal.
 Me desperté al día siguiente, abrí los ojos y Juan no estaba, mire el reloj, marcaba las diez de la mañana, encima de la mesita de noche un ramo de flores con una nota "Gracias por ser como eres, tu admirador Ricardo".
 Me sorprendí, Ricardo había estado aquí, yo por supuesto estaba desnuda, solo una sábana desordenada tapaba algunas partes de mi cuerpo.
 Sin haberme movido apenas en diez minutos, oí como abrían la puerta, eran Ricardo y Juan:
-Hola Merche, te ves esplendida. Esto me lo ha recomendado Ricardo, es para después de lo que tú ya sabes. Continuó explicándome Juan, dejando un tubo de crema encima de la mesita.
-Hola preciosa, gracias por la maravillosa tarde que nos diste ayer. Me dijo Ricardo, portando una bandeja con mi desayuno que dejo encima de mis piernas.
 Yo no contesté a ninguno estaba sorprendida, no era lo que yo buscaba, una relación continuada con Ricardo, me parecía peligrosa en aquel momento, pero pronto mi mente empezó a trabajar, con un par de palabras le podía dar la vuelta a la situación. Pensé entonces en Diana, mientras tomaba el desayuno, un plan se desarrollaba en mi cabeza.
 Ellos salieron a la terraza y se encendieron un cigarro, yo aproveche para darme la crema en mis partes íntimas, estaban como nuevas, la crema que me puso Ricardo sin duda era bastante buena, mientras tanto mi cabeza daba vueltas a tres nombres.
Ricardo me llamo  en ese preciso momento:
-Merche ven aquí con nosotros.
Yo lo dude un instante, pero fui, rodee mi cuerpo con una sábana y  me quede en el umbral de la puerta, no quise salir a la terraza, demasiado expuesta. Además Diana y Alex podían estar en la terraza contigua, tampoco había terminado de darme aquella crema. Ricardo me explicó entonces que aquella crema debía repartirse por dentro de mí, me cogió por un brazo y me hizo salir. Me quede paralizada mientras el introducía la mano entre la sabana para untarme la crema, mi movió permanecía quito mirando cómo me iba cambiando la cara por la calentura. Note entonces que sí, que en la terraza contigua había gente, los paneles biselados dejaban ver el movimientos de sombras, Casi estaba a punto de correrme cuando llamaron a la puerta.
 Ricardo eme dijo que fuera a abrir, pero se quedó con la sabana en la mano. Mire a mi novio esperando una respuesta que por supuesto no apareció. Demasiado caliente para oponerme.
Pregunte quien era primero:
-¿Quién es?
-Alex. Me respondió una voz, estaba desnuda completamente. Juan y Ricardo vinieron  hacia mí, se metieron en el aseo mientras Ricardo me decía al oído:
-Quiero que seas muy mala.
Abrí la puerta despacio, Alex se quedó asombrado seguramente no esperaba verme así.
-Bajo para la playa, oí voces y pensé que estabais aquí, Diana ya fue hace tiempo a coger sitio. Me dijo Alex mientras miraba mis pezones rectos por la calentura que llevaba en ese momento.
-Estoy sola, habrá sido la televisión, ¡pero pasa y ves nuestra habitación!
Me di la vuelta y avance hasta la cama, note como no apartaba su mirada de mi trasero Me senté en la cama y el siguió avanzando hasta la terraza, no sé si para asegurarse que no había nadie o para mirar si veía a Diana.
 Divise entonces a nuestro amigos los mirones, seguían haciendo fotos, fue la chispa que me faltaba, me decidí, me acerque a la puerta de la terraza y me puse de rodillas, cuando Alex se dio la vuelta se quedó parado, pero no le di tiempo a reaccionar, le baje el bañador y allí estaba mi premio, solo cuatro lametones y se puso a tope. Comencé a chupar con fuerza pero me di cuenta que en esa posición no saldría muy bien en las fotos, así pues Salí a la terraza girando cuarenta y cinco grados a mi derecha, así tenia controlados a los mirones y a Ricardo y Juan que miraban desde el servicio, Alex creía que estábamos solos y su excitación subió tanto que tardo solo dos minutos en correrse. No era mi intención, pero era tan tímido que sobrepase sus límites sin darme cuenta.
Alex hasta me pidió perdón por correrse en mi boca, se despidió con un “abajo nos vemos” y salió casi corriendo... Acto seguido llamé a Juan para hablar con él y le dije:
- Tienes que pedirle a Ricardo que el sábado lleve a Gore a la disco latina. El me devolvió una mirada picara y fue al servicio a comunicárselo, mientras salían de la habitación.
 Me fui a lavarme un poco y me puse la ropa interior, después una blusa ajustada de flores, un escote bastante pronunciado, con dos tirantes y una falda blanca corta, por encima de las rodillas.

 Me apetecía pasear por la playa, así se lo dije a Juan. Cuando llegamos abajo Ricardo se despidió con un hasta pronto y nosotros nos dispusimos a pasear por la orilla de la playa mojándonos los pies.
 A lo lejos distinguí a Diana y Alex, cuando nos acercamos un poco más, enseguida nos vieron y saludaron, ella llevaba su bikini rojo, pero claro sin su parte de arriba, parecía que no le daba ya importancia a enseñar sus pechos, nos acercamos un poco más y ella me comentó que quería ir de compras esa tarde porque no tenía ropa adecuada para ir a la disco, me invito a acompañarla de tal manera que no pude negarme, mientras tanto yo veía que Juan se quedaba bizco, la verdad es que tras la aventura en el servicio Juan y Diana ya no disimulaban su atracción sexual.
 Continuamos nuestro camino y Juan me propuso tomar algo en el chiringuito, empezaba a hacer calor y accedí gustosamente, pedimos un refresco mientras echábamos un vistazo al mar.
Alguien me dio en la espalda, me volví y eran los cuatro mirones, un saludo cada uno, un beso y un apretujón, estos individuos no escatimaban esfuerzos en provocar el roce, cualquier excusa valía para acariciar mis pechos y mi trasero. Nos contaron que era el último día de su estancia y nos invitaron a unas copas por la noche, en la verbena que hacia la terraza de su hotel, tendríamos que ir, la verdad es que no habíamos pasado ninguna noche en esas fiestas que proponen los hoteles de la playa, al menos los dos juntos, a mí me dio un poco de corte, podría haber alguno que me reconociera y Juan todavía no sabía nada de esa noche.
 Uno de ellos colocó su mano en mi cintura y en unos instantes ya me estaba tocando el culo, ya no se cortaban un pelo, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, al parecer aquella crema que me puse estaba surtiendo efecto, el masaje que éste me estaba proporcionando me estaba poniendo a mil, me estaba subiendo la falda, esquivando como pude me senté en un taburete, mirando a la playa me sentía más segura , detrás quedaba la barra, los mirones seguían insistiendo , sobre todo uno, acariciaba mi pierna subiendo hasta donde se acababa, una y otra vez, entonces vi a Alex no me quitaba ojo,,. Al principio retiraba su mano, pero luego le deje hacer, Juan  entonces se aproximó a mi oído y me dijo:
-¡Quítatelas, lo estas deseando!
La verdad era que sí, entre el masaje al untarme la crema, Alex que no aguanto nada  y el calor que me subía por mi interior debido a la crema dichosa, estaba para reventar, solo tuve que hacer unos cuantos movimientos para dejar bis braguitas a la altura de mis muslos, el circulo que habían hecho alrededor de mi me ocultaba de la gente. Tampoco hizo mucha falta , aquel viejo mirón en cuanto vio la maniobra tiro hacia abajo y se las guardo como un trofeo, mi novio procedió entonces a desabrocharme el sujetador, aparecer le estaba gustando aquella situación, también porque vio que Alex no se perdía detalle, el bullicio de la gente encubría nuestro juego , el sujetador salió por debajo de la blusa mientras el viejo me hacía correrme con sus dedos, tuve que parar aquello,  ni era el momento, ni el sitio adecuado, no le deje seguir, era capaz de cualquier cosa en ese momento. Le propuse a Juan dar una vuelta a la manzana, para calmar el ambiente, no era hora de comer todavía.
 Terminamos nuestros refrescos, nos despedimos de ellos hasta la noche y colocándome (más bien descolocándome) la falda logré dejarla a mi gusto, a la altura de mis muslos, comencé a mover mis caderas y empezamos a caminar. No me di cuenta hasta que lo vi, estábamos prácticamente al lado del palacio de Marivent, cosa curiosa, casi enfrente, una tienda que cerraba a las diez de la noche, tenedores de plástico, etc., y alcohol, de todas las marcas que podíamos imaginar, pillamos dos de crema de orujo, dos de wiski y un paquete de seis vasos de chupito. Si la noche se daba mal, ya teníamos con que alegrarnos el cuerpo.
 Cuando llegamos al hotel subí a la habitación, mientras él se fue a coger mesa al comedor, pensé en darme crema otra vez, dejé la bolsa con la bebida y cogí el tubo. La verdad es que era un tubo raro, sin especificaciones, parecía tener un nombre alemán, lo cierto es que desde que me lo apliqué por la mañana cualquier roce aumentaba notablemente mi calentura, me unte un poco y lo metí dentro del bolso.
De pronto llamaron a la puerta, pensé que era mi novio, algo que se le habría olvidado, abrí la puerta sin preguntar. Era Ricardo:
-Hola Merche…lo que me pediste esta mañana tiene su precio…
Diciendo esto saco una tela y me vendo los ojos, me cogió del brazo y me llevo a otra habitación, en la misma planta, alguna habitación que quedo vacía esa mañana, pronto advertí la presencia de más gente, no estábamos solos, alguien me desnudo mientras Ricardo me decía al oído:
-Recuerda que tu novio te entrego a mí.
-Sí. Le respondí yo.
Seguidamente doblo mi cuerpo hacia delante y sentí que algo quería entrar dentro de mi boca, debía estar bastante grueso, su barriga me daba en la cabeza cuando la paso toda dentro, solo me dio tiempo a darle cuatro o cinco chupadas, note su presencia detrás cuando metió dos dedos en mi ano para dilatarlo, pues la mano para impedirlo, un acto reflejo que me costó un azote en el trasero:
-¡Quieta, puta! Escuche una voz que no reconocía. Comprendí que ese hombre estaba excitado a tope. Siguió hablando pero ya no se dirigía a ni:
-Parece que está bastante buena y un poco rebelde, como a mí me gustan.

 No era muy delicado que digamos, la introdujo toda de golpe sin vacilar, con movimientos cada vez más acelerados a la vez que azotaba mi trasero sin piedad, solo tardo un par de minutos y todo acabo, me había usado para aliviarse, no conto conmigo para nada. Ricardo me dio mi ropa y me acompaño a mi habitación sin dejar ponérmela, no entendí nada.
Me coloque la ropa, tenía el trasero rojo y baje a comer, ya estarían echándome de menos. Cuando pasé al comedor allí estaban los tres, mi novio como de costumbre medio embobado por los encantos de Diana, cualquier movimiento que ella hacia era motivo para desviar su mirada del plato.
 Yo pensaba que Diana iba a montar otra escenita, pero no, llevaba puesto el mismo pareo y la parte de abajo del bikini, aparte de las miradas provocativas hacia mi novio durante la comida, entre chistes y comentarios no pasó nada, yo mientras buscaba el desconocido que me acababa de follar por detrás el culo, por lógica tendría que estar allí. Terminamos de comer y subimos a la habitación, quería descansar un poco más antes de ir de compras, no le dije nada a mi novio, eso de los azotes no era para comentarlo.
 Un par de horas de siesta, me levante como nueva, me puse el blusón con aberturas en los lados, el que me compró Ramón, un cinturón para subirme las aberturas hasta donde yo quisiera,  unas braguitas y unas sandalias blancas de tacón, no necesitaba más, estaba cómoda y fresquita, cogí en bolso y llame a su puerta, Diana ya estaba preparada y salimos del hotel. Me di cuenta de que practicaba una competencia disimulada, si yo movía las caderas, ella un poquito más, si se movían mis pechos, ella los movía un poquito más, despertó mi curiosidad por saber hasta dónde podría llegar.
 El destino había dejado en mis manos vestir y preparar a la presa que iba a devorar la bestia, iba gustosa a desarrollar mi trabajo.
 La primera tienda, ya me conocían, había ido más de tres veces en cuatro días, los dos dependientes nos saludaron, de allí era el blusón que llevaba puesto.
-Buenas tardes, que desean. Preguntaron.
-Algo fresquito, para la noche. Respondió Diana.
 Sacaron tres vestidos largos.
-¡No, no, cortos para bailar! Aclaró Diana.
 Nos enseñaron algunos para elegir. Ella eligió uno azul cortito y otro negro no mucho más largo, con un poco de vuelo. Yo no los hubiese elegido mejor para mis planes. Fuimos al probador y se desnudó, tenía un cuerpo espectacular y unas curvas de escándalo. Se probó el azul y luego el negro, me pregunto que como le quedaban. Bien le dije yo, el negro un poquito largo.
 El dependiente, que estaba boquiabierto, pues yo había mantenido abierta la cortina que hacía de puerta en todo momento, al oír mi comentario vino hacia nosotros para ofrecer un arreglo gratuito de la prenda, ella acepto, en una hora estarían las prendas listas. Yo le advertí a Diana que aquellos vestidos eran muy finos y que la ropa interior se le iba a notar, a lo que ella respondió:
-Con usar ropa interior oscura o no usar ninguna se soluciona el problema.
 Me lo estaba poniendo en bandeja. Toda los tabúes que tenía desaparecía cuando Alex no estaba presente. Iba ella solita a la boca del lobo. Esperaba que las compras se alargaran un poco más, pero no fue así, en la primera tienda que habíamos entrado se acabó todo, se puso el vestido azul dándolo por estrenado y salimos en dirección a un bar que había frente a la tienda. El vestido azul que llevaba si era fresquito, era tan fresquito que se transparentaban sus bragas y su sujetador, cuando pasamos al bar, al trasluz de la puerta era como si no llevara vestido.
 Pedimos dos cervezas y fuimos al servicio a retocarnos, yo le comenté que se le transparentaba su ropa interior y ella se la fue quitando, primero el sujetador, ya no se le verían las tiras de los hombros de éste, después sus braguitas deslizándolas por sus piernas hasta el suelo.
 Abrí mi bolso sacando un pintalabios y ella vio el tubo de crema misterioso, me pregunto, para que era. Yo le conteste que era un relajante, que me dejaba como nueva. Atrevida como era ella, cogió el tubo y se aplicó una cantidad considerable, terminamos de componernos y salimos dispuestas a degustar una cerveza, me senté en la primera mesa a la derecha de la salida del servicio, ella fue a por las dos cervezas a la barra, diez metros de pura exhibición, era imposible no mirarla, el movimiento exagerado de sus caderas provocaban un movimiento acompasado de sus pechos, parecían moverse libremente dentro de ese vestido semitransparente. Era inevitable que atrajera la mirada de alguno de los paisanos que estaban mirando el futbol en el televisor, una vez sentada Diana en frente de mí, observe que entre aquellos hombres conocía a dos eran los del karaoke, ya me había olvidado de ellos,  solo tardó un minuto en acercarse un paisano a presentarse:
-Hola, soy Antonio, te he escuchado y no pareces de aquí. Preguntó dirigiéndose a mí.
-No, soy del centro de la península. Respondí haciéndome la loca.
 Antonio pidió tres cervezas más y las trajo a la mesa, Diana le hizo un sitio, para que se acomodara, no sé si lo hizo a propósito, pero al retirarse subió tanto el vestido que se hizo evidente que no llevaba bragas, acto que envalentonó a nuestro nuevo amigo. Mientras me explicaba, que era de Bolaños de Calatrava, un pueblo de Ciudad Real, que fue allí de vacaciones y se quedó a vivir, estaba metiéndole mano a Diana que no oponía resistencia alguna, yo apreciaba como se iba abriendo de piernas más y más debajo de la mesa, su cara se iba transformando poco a poco, sin duda la crema que se había puesto estaba empezando a hacer efecto, estaba saliendo la putita que tenía dentro. Antonio subió su mano hacia los tirantes del vestido y los apartó, dejó los dos pechos al aire, tenía los pezones de punta, Diana estaba a tope y Antonio lo sabía.
-¡Ve al servicio y desnúdate! Le ordenó.
 Me quedé perpleja, Antonio se fue en dirección a la barra y Diana se levantó sin decir palabra. Estaba tan caliente que parecía que no tenía voluntad. Pase a ser una mera espectadora, nadie me dijo nada. Me moví de asiento para ver lo que ocurría en el servicio pues ni la puerta cerró al entrar, vi como deslizo su vestido hasta el suelo, lo recogió y lo dejo encima del lavabo. Al momento apareció Antonio con un amigo y entraron los dos al servicio, la cogió por detrás mostrándole los pechos puntiagudos a su amigo que enseguida saco su polla de las bermudas que llevaba y la empezó a mover. No había palabras, ella sola doblo su cuerpo para saborear esa polla desafiante, no le hicieron falta indicaciones, sabía perfectamente lo que ellos querían y se lo iba a dar.
Antonio inmediatamente comenzó a follarla por detrás, no tardaron en llegar los jadeos de Diana que perecía estar fuera de sí, agarraba esa polla con fuerza como si se le fuera a escapar, yo quede inmóvil, como si no estuviera allí.
 Termino Antonio sin sacarla, dentro de ella y su amigo ocupo su lugar, siguieron los jadeos mientras Antonio abandonaba los servicios captando mi atención, se dirigió hacia mí y se sentó a mi lado para terminar su cerveza.
- La próxima vez que quieras follar, ven sola, no distraerás mi atención.
 Me dijo al oído mientras me acariciaba los muslos.
- Te he reconocido desde que entraste por la puerta, también estuve aquella tarde en la discoteca que fuiste con tu pareja y me quede muy caliente. Me aclaro momentos después.
 Me di por invitada si algún día me apetecía volver. Los jadeos pararon y el amigo de Alberto salió del servicio, Antonio se levantó y junto con su amigo abandonaron el local. Yo me levante y fui al servicio, allí estaba Diana recomponiéndose el vestido, queriéndose disculpar por su comportamiento. Hasta me hizo prometer que no se lo diría a Alex. Comprendí que Diana estaba en mis manos desde entonces y descubrí que también me gustaba ver desde fuera esas situaciones, estaba muy caliente y el modo en que me había hablado Antonio me puso más todavía.
 Diana se colocó el vestido como pudo y salimos a la calle a que nos diera un poco el aire, iba temblorosa, como si no se creyera lo que acababa de hacer, me confeso que con dos a la vez no lo había hecho nunca.
Un beso a todos, gracias por los correos os aseguro que los leo todos e intento contestarlos.
Me despido, como siempre, vuestra.... Merche