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lunes, 24 de noviembre de 2014
sábado, 19 de julio de 2014
jueves, 3 de julio de 2014
Vacaciones en Mallorca. Dia 6 .Parte 2 . Sin protestar
**Cambio de actitud de Juan.. los estudiantes pasarón a la acción**
Aunque tenía
mucho que contarle los veinte minutos del trayecto fueron suficientes, claro
que Juan acabo con una erección de caballo, cuando llegamos al hotel y me baje
del coche me miro de arriba abajo:
-Desde luego
es que estas espectacular.
Yo
necesitaba una ducha urgentemente, y él otra cosa, se apreciaba notablemente.
Eso me
reconfortó en gran medida, pero ya sabía lo que me esperaba en la habitación.
Estábamos casi
frente al hotel, había que dejar el coche a veinte metros, yo con el blusón, no
me había puesto nada debajo y Juan con un tremendo bulto causado por lo que le
había venido contando por el camino. Juan mirando hacia el karaoke que quedaba
como a quince metros en la otra acera, se fue poniendo a mi lado y me pregunto:
-¿Este es el
karaoke?
Yo le respondí
afirmativamente mientras sentía como posaba su mano en mi trasero para clavar
sus uñas levemente.
-Bueno vamos
al hotel, necesito una ducha. Me dijo, mientras me subía el blusón algo más.
-Me lo has
subido demasiado, hay mucha gente por aquí. Le indique.
-Lo he
dejado como me gusta a mí. Me confeso.
La verdad es
que había mucha más actividad, los estudiantes habían llegado se su excursión
mañanera. Comencé a andar y me di cuenta que el poco aire que había terminaba
por subir algo más el blusón semitransparente que llevaba, puse la mano para
que no subiera más, demasiados jóvenes por allí cerca:
-No quiero
que sujetes nada, ¿no te vayas a hacer la estrecha ahora? Me dijo Juan.
Comencé a
andar, pero Juan no se puso a mi lado, sino detrás, a dos metros:
-¿Vamos al
hotel o no? Le pregunte.
-Prefiero
seguirte, quiero ver como mueves esas caderas y ese cuerpo tan deseado.
Algo había
cambiado, ya no era tan pasivo como antes. Era parte activa en mi provocación.
Pasamos
dentro del hotel, mucha actividad también, los ascensores, ni tocarlos, mejor
subir por las escaleras. Otra vez nuestros vecinos, no sé si fue casualidad o
que me habían visto pasar, pero los tenia igualmente pegados detrás, aunque
esta vez el blusón estaba más subido. Sabía que me estaban viendo todo y Juan
también se dio cuenta pero no hizo nada. Llegamos a la puerta de la habitación
y Juan me hizo pasar:
-Dúchate tu
primero que te hace falta.
Él se quedó
en la puerta de la habitación, oí como entablaba una conversación con nuestros
nuevos vecinos, no le di importancia y comencé a ducharme.
Una ducha
rápida que mi cuerpo agradeció bastante, se trataba de eliminar la arena y el
resto de fluidos que permanecían pegados a mi piel. Dos minutos y me di la
vuelta para salir de la ducha, vi la puerta del baño abierta igual que la
puerta de la habitación, intente localizar una toalla pero no había, en su
lugar unos zapatos de tacón, comprendí entonces que había sido Juan:
-Cariño, ¿me
pasas una toalla? Le pregunte.
-Merche,
creo que con lo que te he dejado tienes suficiente.
El cambio de
comportamiento de Juan era cada vez más evidente, tendría que salir del baño
con tacones y desnuda completamente, con la puerta de la habitación abierta por
completo, lo hice rápido provocando una carcajada de Juan:
-¿Qué te
pasa, te volviste tímida ahora?
No conteste,
pille una toalla y cubrí lo que pude de
mi cuerpo era demasiado corta para taparlo todo. Desde la puerta se podía ver
más de la mitad de la cama y casi la terraza por completo.
Juan entro a
la ducha, una ducha corta, incluso más que la mía. No me dio tiempo ni a
levantarme de la cama cuando lo vi aparecer, sin prisas cerró la puerta de la
habitación, solo la había abierto para comprobar cuál sería mi reacción al
verla.
Se dirigió hacia mí, su erección era bastante
notable aun habiendo salido de la ducha. Por mi parte no había objeción, aunque
en aquella playa había ido todo bien, solo me habían penetrado dos veces por la
vagina y aún tenía ganas.
Cuando llegó a mí le pregunte:
-¿Qué has
hablado con los nuevos vecinitos?
-Nada, un
poco de cada cosa, no han invitado a una copa, pero eso será después de comer.
Me respondió mientras acercaba su miembro hacia mi boca.
No hizo
falta que me indicara nada, ya sabía lo que tenía que hacer.
-¿Crees que
los de la playa estarán ya en su habitación? Me pregunto.
Instintivamente
gire la cabeza, pero lo que vi fue a nuestros
nuevos vecinitos asomándose desde nuestra terraza:
-No sé si
los de la playa han llegado, pero tenemos público en la terraza. Le conteste en
voz baja.
Me cogió del
brazo, no tuve tiempo a reaccionar, solo a sujetarme la toalla que era lo único
que cubría ni cuerpo, me llevo hasta al lado de la puerta de la terraza, era
todo acristalado, dos terceras partes de aquella pequeña terraza se veían
perfectamente:
-Desde ahora
siempre tienes que ir desnuda dentro de la habitación y no negarte a nada de lo
que se te proponga aquí.
No dije nada,
de todas formas aunque hubiese querido no habría podido, ya tenía la boca llena
antes de terminar de hablar. Había notado un cambio en Juan, un cambio que me
gustó en cierta manera.
El
espectáculo estaba asegurado, me apartó el pelo con una mano mientras con la
otra empujaba sobre mi nuca para que entrara toda dentro, estaba muy caliente, yo
miraba con disimulo, como haciéndome la tonta, no se perdían detalle.
De un tirón me arranco la toalla, era lo único
que me quedaba, quede completamente desnuda. El círculo de personas se iba
haciendo más grande cada día, comenzaba a ser peligroso estar expuesta ante
tantas miradas, pero era demasiado excitante para parar:
-¡Los tienes
babeando! Dijo Juan.
No estaba
muy segura que los había visto, esta exclamación en voz baja resolvió mis dudas
y subió mi excitación. Necesitaba ser penetrada en ese momento pero sentía que
Juan estaba acabando ya. De pronto la saco de mi boca para mi sorpresa, me
derramo todo sobre mi cara a pesar de tener la boca abierta. No creo que fuera mala puntería.
Me levanté
enseguida, algo me había entrado en el ojo, aquello escocia y me lave la cara, seguía
queriendo ser penetrada, pero tendría que esperar.
Al salir del servicio busque a Juan
con la mirada, estaba en la terraza, sin duda había dado tiempo para que los
nuevos vecinos se retiraran, para luego iniciar una nueva conversación.
Me puse el
pareo y unas braguitas, las ultimas que me quedaban ya. Me acerque un poco a la
puerta de la terraza, tenía curiosidad por saber de qué iba la conversación,
pero Juan me vio, se acercó a la puerta y me dijo en voz baja:
-Ya te dije que
tenías que estar, desnuda en la habitación, y hacer caso a todo lo que te
digan. Pero por esta vez puede pasar.
Definitivamente
la actitud de Juan había cambiado, ya no era tan pasivo, cosa que me sorprendió,
pero también me gusto:
-Es la hora
de comer. ¿Me cambio o voy bien así? Le pregunte
Juan me hizo
salir a la terraza:
-¿Está bien así?
Les pregunto a nuestros nuevos vecinos.
-¡Bien …esta
estupenda! respondieron ellos.
Empiece a
andar, la terraza no era muy grande pero si lo suficiente para mover bien mis
caderas. Sabía que me habían visto de chuparla, estaban sin duda calientes, por
lo menos tanto como yo. Las braguitas se veían a través de aquel pareo y los pechos se movían a su antojo:
-Bueno vamos
a comer, Dijo Juan en voz alta.
Me gusto la
exhibición, tenía a mis nuevos vecinos cautivados y calientes. A Juan también
le gusto exhibir su hembra como me confirmó después.
Bajamos por la
escalera, el ascensor tenía bastante trabajo. Los vecinitos se habían
apresurado, nos seguían de cerca y Juan me aviso de ello:
-¡Los tienes
locos, mueve un poco más las caderas, que se enteren de que los has visto!
Mire hacia
atrás, una mirada insinuante y comenzó a moverme exageradamente, como Juan
quería.
Por fin
llegamos al comedor, pensé en Diana, no sabía dónde podía estar, pensé por un
momento que se habría ido del hotel.
Juan por fin
se decidió por una mesa, al lado de la ventana,
nos sentamos pero no divise a Diana por ningún lado.
Nuestros
nuevos vecinos se sentaron en la mesa de al lado, me di cuenta de que la media
de edad del comedor había bajado bastante pero aún quedaban parejas de mediana
edad, el contraste era evidente.
Juan se dio
cuenta de que no me quitaban ojo, era normal, me habían visto de chupársela y
siendo exhibida como un trofeo, era lógico que esperaran el próximo movimiento:
-Están
esperando que hagas algo ¡Enséñales tus bragas! Juan no se cortaba, estaba
bastante decidido.
No espere
mucho para subirme el pareo, mis muslos quedaron al aire y abrí las piernas
poco a poco:
-¿Por qué no
vas al servicio y te las quitas? Total ya te han visto casi todos. Me indico
Juan.
Tenía razón,
no iba a hacerme la estrecha después de
lo vivido esa mañana. Me levante y fui al servicio, aproveche para untarme crema, mientras por mi cabeza iban pasando
instantáneas de aquella mañana, nunca pensé que aquello pudiera ocurrir de
verdad en una playa. Volví a la mesa despacio recreando mis movimientos, y nada
más sentarme les di a mis observadores parte de lo que me estaban pidiendo con
los ojos.
Enseguida se
dieron cuenta de que no cubría prenda alguna mis intimidades, Juan insistía en
que abriera más las piernas a la vez que deslizaba una mano por mis muslos
intentando llegar a mis labios vaginales, Yo estaba como loca , demasiado
caliente para estar en un comedor y creo que Juan se dio cuenta.
Se levantó
de pronto dando la comida por concluida:
-¡Bueno,
llego la hora de las copitas!!
Me levante y
lo acompañe, íbamos en dirección a la habitación por las escaleras, sin mucha
prisa, Juan estaba dando tiempo a los jóvenes vecinos para que nos alcanzaran, No tardaron mucho, al instante
los teníamos detrás, dos escalones más abajo pero sin intención de
adelantarnos:
-¡Hola
vecinos, ya traemos el hielo para las copitas!
Giré la
cabeza para saludarles, no es que me miraran a la cara precisamente:
-Bien, si tenéis
vasos no falta de nada entonces. Dije yo.
Llegamos a
la puerta de nuestra habitación, mi intención era de ponerme algo más adecuado
para la ocasión, pero no la intención de Juan:
-¡Quiero que
vayas así, estas llamativamente erótica! Me dijo acercándose a mi oído.
Cogiéndome
fuerte por la cintura impidió que
accediera a la habitación. Mientras tanto nuestros vecinitos ya habían abierto
la suya y nos invitaron a entrar.
Dos camas
separadas, una mesita de noche en medio, pero duro poco, tardaron un instante
en retirarla para juntarlas, la intención era bebernos la copitas encima
de las camas. Me dejaron el mejor sitio.
Al lado del cabecero, tuve que gatear para llegar hasta allí, por unos segundos
mi trasero estuvo a la vista de nuestros nuevos amigos, no había forma de
sentarme sin que se me viera nada, antes de terminar de colocarme ya tenía un
vaso preparado hasta el borde:
-¡Vamos,
como en el karaoke, de un trago! Insistió Juan.
Ni me lo pensé,
en un instante el vaso quedo vacío, pero me di cuenta de que sobraban dos
vasos. Mi pregunta sobre ello fue respondida instantáneamente:
-Vienen a
tomar copas dos amigos más. Me respondieron mientras me llenaban el vaso otra
vez.
Estaba
incomoda no sabía dónde meter las pierna, Juan se dio cuenta y me dijo al oído que me sentara como los
indios. Le hice caso, estire lo que pude el blusón y me coloque en esa
posición. A continuación llamaron a la puerta. Los dos amigos que esperaban
entraron, el círculo me pareció demasiado grande, parecía que había corrido la voz, las miradas
que me dedicaban delataban sus deseos. Ni me dio tiempo a moverme, se
abalanzaron sobre mí para depositar un
beso como saludo. En esa postura mis movimientos eran bastante limitados, así
que tuve que ponerme de rodillas para recibir aquellos saludos. Decidí seguir en aquella postura puesto que la
cama parecía que iba a ser la mesa improvisada par aquella reunión. La
conversación fue bastante amena, entre chistes y anécdotas me bebí dos copas más,
transcurridos veinte minutos Juan empezó
a ponerse pegajoso, no dudaba en acariciarme una y otra vez el trasero por
debajo de aquel pareo, consiguiendo que mis pezones se pusieran de punta, imposible disimular con
aquella prenda. Estaba deseando tener sexo, pero opte por salir a la terraza a
fumar un cigarro y así se lo hice saber:
-Juan, voy a
la terraza a fumarme un cigarrito.
Juan asintió
con la cabeza, la temperatura había subido demasiado en aquel círculo
improvisado. Lo difícil de aquella situación era salir de la cama, tuve que
gatear.
Aquella postura a cuatro patas dejó todo mi
culo al aire y mis pechos a merced de la gravedad, fueron pocos segundos, pero
bien aprovechados por nuestro nuevos amigos.
La salida a la terraza fue buena idea, pero el
umbral de la puerta con la ayuda del sol, hizo que desapareciera la única
prenda que cubría parte de mí, apoye mis codos en aquella barandilla
inclinándome un poco hacia delante
Apenas había
encendido el cigarrillo cuando Juan se prestó a hacerme compañía, dentro
quedaron los demás con la boca abierta, expectantes.
No hizo falta que me avisara con su presencia,
noté el calor de su cuerpo cuando se pegó al mío, gire la cabeza sin incorporarme
abriendo los labios para recibir los suyos, mi espalda dibujo una curva casi
imposible de trazar.
No había fuerza humana para detener lo que
estaba a punto de ocurrir, pero ocurrió un imprevisto, uno de nuestros nuevos vecinitos tuvo la idea de cortar aquella
escena:
-¡Vamos a
hacernos unas fotos!
No me lo
podía creer, Juan tenía cogido mi pecho derecho y con la otra mano acariciaba
mi trasero mientras me comía la boca. Yo estaba deseando, pero se cortó la
escena.
Todos a la
terraza, todos menos uno que llevaba la cámara en la mano y empezaron a cambiar
su posición, querían salir en la foto conmigo, fue una buena excusa para ir
apartando a Juan de mi lado.
Las fotos se
fueron sucediendo, iban turnándose y yo cambiaba mi posición, hasta que la
cámara se quedó sin batería.
-¡Bueno,
pues toca playa! Dijo uno de aquellos amigos.
Juan ofreció
nuestra cámara para seguir con aquello:
-Merche,
acércate a la habitación y la buscas. Yo voy al coche, se me olvido la cartera,
nos vemos en la playa. Me dijo mientras hacía
señas a uno para que me acompañara.
Era evidente
lo que Juan esperaba de mí, tendría que desnudarme nada más pasar a la
habitación. Al menos tenía la excusa de ponerme el bikini. Estaba bastante
caliente tanto toqueteo entre Juan y nuestros amigos lo habían conseguido.
Para cuando salí
de la habitación Juan ya había desaparecido por las escaleras, abrí la puerta
de nuestra habitación y entre yo primero. Me dirigí al armario nuestro amigo
paso detrás de mí y me preguntó:
-¿Dónde
busco primero?
-En mi
bolso. Le respondí yo mientras dejaba caer el pareo sobre el suelo.
Quede
desnuda ante él, sin nada encima. Era lo que me había dicho Juan que hiciera. Nuestro
amigo estaba paralizado, no pensé que fuera a reaccionar así. No tenía pensado negarme a nada, incluso
me apetecía bastante, pero no se decidía a dar el siguiente paso.
Vacío el
contenido del bolso sobre la cama y cogió la cámara con una mano:
-¿Cómo
funciona esto? Me pregunto.
Yo me
acerque encima de los tacones todavía, muy cerca, casi rozándole, le esplique
por encima el funcionamiento, lo básico, yo tampoco entendía muy bien el
funcionamiento, pero si para cambiar la tarjeta, no era conveniente que viera
las fotos de los días anteriores. Una foto de prueba, auto foto por llamarlo de
alguna manera, demasiado oscuro:
-Ponte más
hacia la luz. Me dijo.
En un acto
reflejo cogí la parte de abajo del bikini para taparme mi vagina, di dos pasos
hacia atrás, obedecí sin protestar.
-Más a la
luz. Insistió
Ya estaba
pegada a la terraza, entonces vi a su amigo, solo había uno, su compañero de
habitación, asomado por su terraza no perdía detalle de la sesión fotográfica.
-¿Por qué te
tapas? No te preocupes, solo te vemos la cámara y yo.
Solté la
pequeña prenda, aunque apenas tapaba nada. Dos fotos, se acercó para
enseñármelas, me sujeto por el brazo y me llevo a la cama. Yo me senté mientras
el encendía la luz de la habitación. Me giré, me dispuse a recoger todos los
objetos del bolso que aún seguían sobre la cama, el seguía disparando con la
cámara.
-¿Qué es eso?
Me pregunto.
Tenía entre
las manos aquella crema impronunciable, realmente no sabía lo que era, pero si
para que servía.
-Es una
crema intima, para la vagina.
Me empujo
suavemente al centro de la cama.
-Enséñame como
se usa. Me dijo mientras abría mis piernas lentamente.
Deposite
algo de crema en mi mano derecha y mire con el rabillo del ojo hacia la
terraza, su amigo seguía allí sin perderse un detalle, aquella timidez termino
por excitarme todavía más.
-¡Empieza
ya! Aquel cambio de tono denotaba impaciencia y me gusto, algo de autoridad que
cedi sin plantármelo siquiera.
Comencé a
acariciarme despacio a la vez que iba depositando lo que tenía en la mano en la
puerta de mis intimidades. Pensé un momento en Juan, no sé porque esperaba que
entrara por aquella puerta, pero no fue así, deduje que tendría que contárselo
después.
-La crema
hay que untarla por el interior. Le comente mientras introducía un dedo dentro
de mi vagina.
El seguía
con la cámara haciéndome fotos, Era la primera vez que me masturbaba en público,
por cierto con gran placer.
-Puedes
decirle a tu amigo que entre. Le indique.
De todas
formas acabaría por entrar, no vi el motivo para que siguiera en la terraza
mirando.
Nada más
entrar note el gran bulto que escondía en sus bermudas, yo seguía
acariciándome, sacando y metiendo el dedo, untándome aquella crema que me volvía
loca. Se colocó al lado de mí, sin subirse a la cama. Parecía no decidirse
hasta que su compañero me sujeto la mano:
-¡Ya sigo
yo, pero date la vuelta!
Sin decir
nada me giré mientras veía como dosificaba la crema sobre su mano. Quede de
rodillas mirando hacia el cabecero de la cama. A la derecha su amigo, desabrochándose
los bermudas apresuradamente con una mano, la otra la tenía ocupada con la
cámara de fotos.
-¡Ábrete más!
Yo abrí mis
piernas mientras notaba el roce de sus dedos sobre mi sexo. El otro se atrevió
titubeante a darme la siguiente indicación:
-¡Apártate
el pelo de las tetas! Quiero que salgan enteras en las fotos.
Lo hice
mientras me quede mirando su miembro que asomaba ya entero. No era muy grande
pero si suave al tacto.
Se notaba
bastante su inexperiencia, tuve que ayudar al que tenía detrás guiando su mano
con la mía, parecía tener miedo a introducir más de un dedo dentro de mí:
-Por el culo
también, no soy virgen por ahí tampoco. Añadí dándole así más libertad para
viajar por mi cuerpo.
- ¡Ya me
conto Juan que te gusta mucho el sexo! Exclamo.
Esa
aclaración me produjo tranquilidad, Juan estaba al corriente, no habría
sorpresas.
Eché mi
cuerpo para adelante , apoyando una mano en la cama, para aproximarme más a
aquella suculenta polla que aparecía delante de mí, la agarré con fuerza no
estaba muy dura, peo ya me había enseñado Juan lo que tenía que hacer, apreté
fuerte tirando para debajo de ella, creció tres o cuatro centímetros al
instante, el glande se hincho notablemente y oí algún quejido, no muy fuerte,
el placer creo que pudo al dolor, no obstante ya me estaba corriendo e insistí
con los dientes, quise experimentar.
Sabía que
produciría algo de dolor, la caricia de mi lengua y el roce de mis dientes pensaban
que era la combinación perfecta. Sentí como estaba siendo penetrada, seguía
dilatada desde por la mañana, no le costó mucho esfuerzo, centímetro a
centímetro, hasta sentirla toda dentro. Se paró ahí, mientras yo seguía
chupando. Era notable la inexperiencia de aquellos dos jóvenes, yo tampoco es
que tuviera demasiada, pero había aprendido rápido, así que comencé a moverme,
un movimiento de vaivén algo rápido, tampoco excesivo, hasta que el miembro que
tenía en la boca se empezó a hinchar. Ya sabía lo que venía después y no estaba
dispuesta a que terminara ahí.
-¿Qué haces?
No te la saques.
- Estás a
punto de terminar, no quiero que termines todavía.
Lo que tenía
dentro estallaría en unos segundos, necesitaba más tiempo, yo aún estaba
empezando. Efectivamente no duro mucho, creo que gracias a mis movimientos,
note como exploto dentro de mí sin sacármela,
un líquido bastante caliente me invadió por dentro. Tampoco tardo mucho
en sacarla después, su compañero estaba impaciente. Ni me moví, si se apreciaba
el cambio de volumen y la impaciencia, aquella espera se tradujo en un ímpetu
bastante notable. Sus embestidas cada vez más fuertes hicieron que tuviera que
agachar la cabeza sobre las sabanas. Aquella posición favorecía sus embestidas dándome el placer
que tanto necesitaba en aquellos momentos. No tardó mucho en correrse, ni yo en
alcanzar el clímax, pero si se quedó sin fuerzas pegando su cuerpo contra el mío
cuando hubo acabado.
Unos
segundos para recuperarse y me dejaron sola, la excusa de que los estaban
esperando en la playa fue suficiente para terminar con aquella escena.
Quedé inmóvil,
creo que unos cinco minutos, pensativa, aquello se nos estaba yendo de las
manos, sobre todo de las mías, lo peor es que me estaba gustando mucho. Aunque
era algo peligroso, la satisfacción y la curiosidad por lo desconocido lo superaban
con creces. Debía hablarlo con juan, teníamos que salir de ese círculo, claro
que no sabía que opinaría Juan de
mi parecer.
Me incorpore
casi de un salto de la cama, no me esperaba que me temblasen las piernas, no
había notado nada hasta que me levante. Quizás demasiado sexo, o quizás no
había descansado lo suficiente esos últimos días.
Las sabanas
estaban manchadas de semen, aún seguía saliendo semen de mí, tampoco es que pensara dormir mucho esa
noche, así que no le di más importancia,
Derechita a
la ducha, una ducha rápida, no había tiempo para más. Juan me esperaba en la
playa, seguramente en el chiringuito bebiendo algo.
Me sequé
rápidamente para ponerme el bikini, pero no me sentía cómoda con él, estaba
bastante dilatada, el bikini se introducía entre mis labios vaginales, era algo
incómodo, no podía bajar así.
Opte por
ponerme el vestido blanco, en mi estado no podría tomar el sol con ese bikini,
pero si me valía el vestido para tomar algo en la playa.
Me mire en
el espejo, me retoque un poco y bajé, por el ascensor naturalmente, no quería
que me flaquearan las fuerzas.
La cala no
es muy grande, y la zona pegada al hotel es más pequeña todavía, no me fue
difícil localizar a Juan en el chiringuito, acompañado por Diana, Alex y dos
personas más.
Diana estaba
divina con el bikini rojo, Juan como siempre no apartaba sus ojos de ella. No
es que provocara celos en mí, pero si notaba alguna desventaja con mi atuendo.
Me decidí a hacerme un nudo en la parte izquierda del vestido blanco, eso dejaría
mis muslos al descubierto e igualaría en cierta forma aquella situación.
Alex seguía en su mundo, creo que no apreciaba
las insinuaciones de Diana sobre todos los que la rodeaban, ni siquiera le daba
importancia a que Juan la tenía cogida por la cintura.
Llegué por
fin al chiringuito. Primero las presentaciones, aquellos dos hombres eran los
que tenían que cuidar de los estudiantes, eran sus profesores y monitores para
esa excursión. Algo delanteros en edad aunque
bastante bien ciudades.
Cogí a Juan
de la mano, de la que tenía libre y le dije al oído que teníamos que hablar. Le
comente mis pensamientos, había que frenar aquella situación.
-¿Es que no
te gusta? Me pregunto.
-No es eso,
es que el círculo se ha hecho demasiado grande. Le conteste.
Además le conté
el problema que tuve con el bikini. Lo que quería en realidad era llevármelo de
compras y alejarlo un poco de Diana.
La contestación
de Juan me dejo un poco pensativa:
-Podemos ir
al chalet de Ramón, recuerda que nos lo ofreció. Siempre podemos volver cuando
queramos, no hace falta estar todo el día aquí
domingo, 16 de marzo de 2014
jueves, 13 de marzo de 2014
viernes, 14 de febrero de 2014
viernes, 10 de enero de 2014
viernes, 20 de septiembre de 2013
domingo, 15 de septiembre de 2013
miércoles, 31 de julio de 2013
Vacaciones en Mallorca.Dia 5 .Parte 2. Despedida
Vacaciones en Mallorca.Dia 5 .Parte 2. Despedida
Despedida a los mirones y algo mas, descubrí que no había pasado tan desapercibida como creía, la verdad es que cuando me enteré incluso me gustó. El concepto que tenian de mi era bastante bueno , en el mal sentido de la palabra, claro.
Nos dirigimos a la tienda y por suerte
el vestido ya estaba arreglado, pasó al probador, el dependiente se
quedó sorprendido, debió pensar que la ropa interior había desaparecido.
A Diana ya no le importo que mantuviese la cortina abierta mientras se
desnudaba, el arreglo era dejarlo un poco más corto, pero en realidad lo
dejaron un poco más corto de lo que yo pensaba. Diana me pregunto que
como le quedaba, le dije que bien, pero sabía que cualquier movimiento
brusco dejaría al descubierto el final de sus piernas.
Dimos por finalizadas nuestras compras,
por llamarlo de alguna manera y nos asomamos a la playa, intentábamos
localizar nuestras respectivas parejas, hicimos unas señas con las manos
y enseguida nos vieron.
La gente estaba recogiendo sus cosas,
terminaba otro día de playa, comenzaba una noche de diversión. Cuando
llegaron a nosotras no dije una palabra de lo sucedido, pero cuando
subimos a la habitación a cambiarnos se lo conté todo, todo menos la
proposición de Alberto, eso de volver sola me lo tendría que pensar
despacio.
Otra vez delante del armario, no sabía
que ponerme, si una ropa más formal u otra más alegre. Al final me
decidí por la falda azul cortita, que tan buen resultado me dio. Me fui
al baño y me pico la curiosidad, más cantidad de
crema en mí para experimentar de primera mano la sensación que
experimento Diana, lo dejé para más tarde y me puse aquella mini que
tanto deseo desataba en los hombres, por supuesto el sujetador no me
hacía falta así que lo dejé sobre la cama, estaba preparada.
Juan me vio y me piropeo un poco,
aquella camisa blanca semitransparente no dejaba mucho a la imaginación,
cogió la mochila donde había depositado el alcohol que habíamos
comprado esa mañana, nos cogimos de la mano y bajamos a la terraza, la
verdad es que yo estaba estupenda.
La música ya había empezado, pero no
era esa la terraza sino la del hotel de al lado a la que teníamos que
asistir, decidimos entonces dar una vuelta por la playa. Me quite los
zapatos de tacón y empezamos a andar por la arena en dirección al mar.
Llegando casi a la orilla Juan saco una
toalla pequeña y la puso en la arena para sentarnos, después sacó una
botella de orujo y dándome un vaso de chupito, me dijo:
Nos tomamos un par de chupitos cada uno
contemplando la inmensidad que teníamos frente a nosotros, luego me dio
un beso largo, profundo de los que no se olvidan, acariciándome los
pechos por debajo de aquella camisa anudada que llevaba puesta.
Entre unas cosas y otras nos metimos más de media
botella de aquel licor y vimos como la terraza a la que nos dirigíamos
se empezaba a llenar de gente, era la hora de acercarnos a aquel
lugar.
Me acorde de la crema que quería
experimentar y sacando el tubo aplique el producto retirando un poco
mis braguitas, al igual que mi amiga Diana puse gran cantidad.
Juan se puso de pie, me ayudo a
incorporarme y recogiendo después la toalla que metió en la mochila.
Empezamos a andar hacia la terraza y se acercó por detrás para
desabrocharme dos botones de la camisa, comenzaba el juego sin haber
llegado a la terraza siquiera.
Estaba bien iluminada, una pista
central y unas mesas rodeando esta pista, para beber y disfrutar de la
velada, pronto divisemos a nuestros amigos, los cuatro estaban
compartiendo una mesa con Diana y Alex, al aproximarnos estos se
levantaron saludando con un apretón de manos a Juan y el restregón
apropiado para mi persona, nos hicieron sitio en la mesa y nos sentamos
con ellos. Diana había elegido el vestido negro, el que fue cortado,
apenas cubría nada, por mucho que se estiraba, estando sentada era
imposible.
Yo andaba ya caliente, entre los
chupitos que me había bebido y la crema que me había untado, me estaba
empezando a hervir la sangre, Juan me puso la mano encima de mi pierna,
no paraba de acariciarla cada vez subía más, termine facilitándole el
trabajo abriendo las piernas un poco. Esto no pasó desapercibido para
los que estaban sentados enfrente, me excitó más aún, estaba segura de
que se me veían las bragas, pero yo necesitaba más. Me levente y me fui
al servicio, tenía que quitármelas, necesitaba sentir el contacto
directo de la mano de Juan sobre las partes más íntimas de mi ser.
Cuando me las quite aproveche para untarme un poco más de aquella crema
que tanta calentura provocaba en mi cuerpo. Volví enseguida a ocupar
el mismo asiento y Juan no tardo en repetir las mismas caricias, solo
que ahora no se detenía en el borde de mi coño y yo me habría libremente
de piernas para facilitar su empeño.
Esto nuestros amigos los mirones lo
tomaron como un regalo y sin querer depositaban sus miradas entre mis
piernas. Juan debió darse cuenta de mi estado, decidió sacarme a bailar,
no era cuestión de acabar follando allí mismo que era lo que estaba a
punto de ocurrir.
No era una música muy lenta, pero a mí
me apetecía en ese momento enseñar mis pechos, así que levante mis
brazos lentamente para rodear el cuello de Juan y la camisa hizo lo
demás al alzarse de delante dejo al aire mis pechos que yo arrime
fuertemente contra Juan, el espectáculo ya había empezado, nuestros
amigos los cuatro mirones de la playa ya nos conocían, solo disfrutaban
del espectáculo, pero Alex y Diana se quedaron embobados. Uno de ellos
le pidió a Juan el cambio y éste acepto, no cambié de posición ante la
mirada de sorpresa del mirón apreté mis pechos contra él, era evidente
mi turbación y la temperatura que iba alcanzando mi cuerpo.
El vejete mirón comenzó a masajear mi
trasero con una mano, bajándola de mi cintura y con la otra acariciaba
la parte baja de mis pechos, disimuladamente, pero sin oposición por mi
parte. Yo veía a Juan que conversaba con otro desconocido de la mesa de
al lado, pero sin quitarme ojo, me conocía muy bien, sabía que estaba a
punto de explotar.
De pronto Juan y el desconocido se
levantaron y vinieron hacia mí, evitaron así un desenlace escandaloso en
medio de la pista de baile, íbamos a tomar algo en la barra, no era lo
que yo necesitaba en ese momento, pero me hizo pensar que en el lugar
donde estábamos lo único que conseguiría seria la expulsión de dicha
terraza.
Otro chupito, el desconocido saco la conversación de las habitaciones del
hotel, que si eran muy buenas, que tenían frigorífico con bebidas, un
baño excepcional, señalando una habitación en especial , estaba debajo
de la de los mirones, yo pensé que me había reconocido, después me saco a
bailar, ahí si me lo confeso:
-¿Así que estas aquí con tu novio?¿Pues sí que ha cambiado tu novio!
-No le digas nada por favor, no sabe nada, de la otra noche. Le conteste yo.
Aprovecho para arrimarse un poco más y acariciarme.
En ese momento divise a Diana, la
estaban sacando a bailar los mirones, se turnaban con ella, Alex, era
tan inocente que no se enteraba de que la estaban sobando a conciencia.
Claro que mi novio también la vio y fue a por su parte. Me quede
bailando con aquel hombre en el otro extremo de la pista.
-Ven que te voy a presentar mi compañero de habitación. Me dijo
Me cogió del hombro y nos acercamos a
otro desconocido para mí. Después de las presentaciones me propusieron
ir a ver la habitación e insistieron.
-Bueno, pero cinco minutos, mi novio me
echara de menos. Desde luego la estrella más que tenía el hotel se la
merecía, escaleras de mármol, barandillas de madera y ascensores
amplios, aunque el ascensor no lo utilicemos, subimos por las escaleras.
Llegamos a la habitación, a mano
izquierda el baño, bastante grande por cierto, a continuación dos camas
y la terraza al fondo que fue donde nos dirigimos, desde allí se podía
ver la terraza con la gente bailando, se oía la música como si
estuviera al lado de nosotros.
Decidí entonces probar lo blandita que era la cama, es lo que se suele hacer cuando pasas a la habitación de un hotel:
-¡Que blandita es! Exclame
Al botar en la cama, la falda se subió ya apreciaron que no llevaba nada debajo, por si quedaba alguna duda.
-Sí, pues si es cómoda. Y sin bragas más. ¡Jajajaja!. Contesto uno de ellos
Inmediatamente
el que había bailado conmigo, me invitó a bailar en la terraza con la
excusa de no haber terminado la pieza anterior, acepte mientras el otro
se dirigió al frigorífico para sacar unos vasos y un poco de hielo.
Estaba sola en la terraza con un
desconocido que no se detenía por nada, comenzó agarrándome por la
cintura, pronto su mano izquierda bajo hasta mi culo y fue recogiendo mi
falda hasta poder tocarlo sin prenda alguna de promedio-
-La otra noche me quede con ganas d tocar este culo Me dijo al oído.
El
tono de su voz mientras me acariciaba el trasero me produjo tal placer
que no me di cuenta de que estaba desabrochando los pocos botones que
quedaban en mi camisa. En unos instantes mis pechos quedaron desnudos,
al aire. Comenzó a besarlos sin parar, noté que me estaba desabrochando
la falda, pero no hice nada para impedirlo. La falda cayó
irremediablemente al suelo y solo tuve que echar los hombros para atrás
para que la camisa hiciera lo mismo, quede totalmente desnuda subida en
los tacones.
La pista de baile no estaba lejos, no
lo suficiente, estaba segura que se podía ver mi silueta desnuda ante la
luz de la habitación, mi compañero de baile seguía propinándome
caricias por todo el cuerpo y yo ya no era dueña de mi misma.
-Seguro que te gusta estar desnuda en la terraza y que te vean todos.
-Si le conteste .Mientras se colocaba detrás de mí quedando así totalmente expuesta
El otro desconocido vino entonces en mi
ayuda, cogiéndome de la mano y llevándome hacia la cama para que me
tendiera, se apodero de mi boca dándome un largo beso mientras el otro
me abría las piernas para trabajar despacio mi clítoris con su lengua,
no había prisas, una calma placentera invadió el ambiente, el placer se
instaló en esas cuatro paredes, no había motivo para acelerar ese
momento, cuando retiro uno su boca de la mía me pregunto:
-¿Seguro que tu novio no sabe nada?
- No, no sabe nada, Salí sola esa noche. Respondí yo.
- ¿Y de las fotos que andan circulando?
Me aclarara esa pregunta muchas cosas.
-No las fotos tampoco las ha visto. Le dije mientras me corría, la otra no paraba con su lengua.
-Entonces no sabe lo puta que eres. Prosiguió
Yo intente aclarar un poco la cosa.
-A él le gusta que me vean, le gusta
subirme la falda, estas son las primeras vacaciones en lo que hago esto.
Intente aclarar. Pero ya tenía la polla del desconocido dispuesta, no
me dejo proseguir con mi explicación, estaba totalmente erecta y a mi
disposición. Solo tuvo que abrirme un poco la boca para que yo
comprendiera que la necesitaba meter dentro, lo hizo despacio para que
yo acariciara su punta con la lengua cuando iba entrando.
El otro me metió su polla de golpe,
consiguió romper aquella calma de un flechazo, me corrí a la primera
embestida, era tanto el placer que parecía que mi cuerpo flotaba encima
de aquella cama. , se notaba que era un experto, la metía de golpe y la
sacaba despacio, me estaba volviendo loca, mientras yo seguía chupando
cada vez más deprisa. Yo apreté los músculos de mi vagina intentando
retener aquella polla que me estaba dando placer y lo que conseguí fue
una pronta eyaculación por su parte, pero enseguida cedió su sitio al
que tenía ocupando mi boca, no se lo pensó, en un instante ya la tenía
toda dentro. De momento se abrió la puerta, era otro individuo.
Pedí una explicación no sabía cuantos amigos eran, me dijeron que estaban todos.
Le
indique con el dedo índice al otro desconocido que se acercara, ya
sabía lo que quería, se la fue sacando mientras se aproximaba y la
introdujo en mi boca sin siquiera pararse. Yo continúe chupando,
lamiendo, todo me parecía poco.
El desconocido que me estaba follando
no tardó mucho en correrse, entre la chupada que le di y lo jugoso que
tenía el coño se deshizo en un alarido de placer. Pronto el otro quiso
ocupar su puesto pero el que acababa de fallarme lo paro diciéndole:
-Espera que queda una sorpresa, esta puta que lleva toda la semana enseñándonos su culo por la terraza es hora de que nos lo dé.
Me dio la vuelta y doblo mis piernas y
mi culo quedo indefenso. No lo dudo un instante, el desconocido me
penetro por detrás, pero no sentí nada de dolor, esa crema era especial,
ni siquiera al principio, consiguió metérmela entera sin esfuerzo
aparente, estaba totalmente dilatada.
-¿Parece que te gusta? Me pregunto.
-Sí, si me gusta, ya lo sabes. Le respondí.
Paso
su mano por debajo y continúo acariciándome el coño mientras se movía,
no sé cuántos orgasmos tuve, no los podía contar, no daba tiempo.
Exploto dentro de mí, dejando caer su cuerpo contra el mí, sin duda
quedo sin fuerza, un instante de flaqueza que muchos hombres tienen
después de correrse. Me dio un beso en la espalda y se levantó. Yo quede
inmóvil, también necesite un momento para recuperarme de tanto orgasmo
incontrolado, el tiempo necesario para que los desconocidos prepararán
unos combinados, cosa que yo agradecí, bueno , más bien mi cuerpo, que
estaba sudoroso.
Bebí el primer cubata de dos tragos, lo
que tardaron en ponerme otro, salimos los cuatro a la terraza yo me
enrolle una sábana y nos fumamos un cigarro, no había mucho que decir,
todos estábamos satisfechos. Pase para vestirme pero sin prisas, había
perdido la noción del tiempo.
Sin más me despedí un beso a cada uno y
bajé en dirección a la verbena, mi novio ni se había enterado, seguía
bailando y observando a Diana que no paraba de enseñar su trasero. Alex
seguía sin enterarse de nada. Mientras Diana iba cambiando de manos cada
quince segundos. Avise a Diana de que se le estaba viendo las
braguitas, su reacción me extraño un poco, en vez de parar de bailar se
movía mas todavía
Le dije a Juan que quería terminar la fiesta, estaba un poco cansada, había sido un día bastante largo, vi que Juan se
lo estaba pasando bien así pues le pregunte si quería quedarse, yo me
iría sola, pero no quiso, nos despedimos de todos y nos dirigimos a
nuestro hotel, subimos a nuestra habitación sin pararnos en ningún
sitio. Había estado bien el día yo por lo menos estaba satisfecha. Esa
noche dormimos abrazados toda la noche. No sé cómo termino la noche para
Diana, pero se lo estaba pasando en grande.
Tan solo un beso para cada uno, sois muchos
y un abrazo , hasta siempre y para siempre vuestra....Merche
https://www.facebook.com/ElMundoProhibidodeMerche
viernes, 26 de julio de 2013
Vacaciones en Mallorca.Dia 5 .Parte 1. Crema Milagrosa
Vacaciones en Mallorca.Dia 5 .Parte 1. Crema Milagrosa
Vacaciones en Mallorca.Dia 5 .Parte 1. Crema Milagrosa--La reación que producia esta crema en Diana era espectacular, hasta yo me quede sorprendida y los mirones no pierden el tiempo.
Habían sido cuatro días de locura
continuada. Disfruté como nunca había imaginado, no solo eso, sino que
cada aventura me llevaba otra más excitante todavía. Gori, Gori, repetía
en mi cabeza, como dominar a esta bestia, Gori
Gori...Diana...Gori...Diana...Diana En mi cabeza ya se estaba preparando
un plan para darle a Diana lo que se merecía. Diana había pedido guerra
y yo no la defraudaría, tendría su bestia correspondiente.
Llegamos al hotel sin darme apenas
cuenta. Subimos a la habitación y yo le pedí a Juan que al día siguiente
no hiciera planes, quería un poco de tranquilidad, había superado todas
las expectativas para esas vacaciones. Mientras me preparaba para una
ducha Juan me dijo que iba a por comida china, que hoy cenaríamos en la
habitación.
Juan tardo aproximadamente veinte
minutos. Cuando llegó me comentó que se había encontrado con Alex y
Diana, que había estado hablando con ellos. Nos habían propuesto ir
juntos el sábado a la disco latina que había por allí al lado, que el
sábado estaría más animada. Bueno, pensé yo, era jueves, tenía todo el
viernes para descansar. Cenamos tranquilamente y me dispuse a descansar,
disfrutar de una noche tranquila no me vendría nada mal.
Me desperté al día siguiente, abrí los
ojos y Juan no estaba, mire el reloj, marcaba las diez de la mañana,
encima de la mesita de noche un ramo de flores con una nota "Gracias por
ser como eres, tu admirador Ricardo".
Me sorprendí, Ricardo había estado
aquí, yo por supuesto estaba desnuda, solo una sábana desordenada tapaba
algunas partes de mi cuerpo.
Sin haberme movido apenas en diez minutos, oí como abrían la puerta, eran Ricardo y Juan:
-Hola Merche, te ves esplendida. Esto me
lo ha recomendado Ricardo, es para después de lo que tú ya sabes.
Continuó explicándome Juan, dejando un tubo de crema encima de la
mesita.
-Hola preciosa, gracias por la
maravillosa tarde que nos diste ayer. Me dijo Ricardo, portando una
bandeja con mi desayuno que dejo encima de mis piernas.
Yo no contesté a ninguno estaba
sorprendida, no era lo que yo buscaba, una relación continuada con
Ricardo, me parecía peligrosa en aquel momento, pero pronto mi mente
empezó a trabajar, con un par de palabras le podía dar la vuelta a la
situación. Pensé entonces en Diana, mientras tomaba el desayuno, un plan
se desarrollaba en mi cabeza.
Ellos salieron a la terraza y se
encendieron un cigarro, yo aproveche para darme la crema en mis partes
íntimas, estaban como nuevas, la crema que me puso Ricardo sin duda era
bastante buena, mientras tanto mi cabeza daba vueltas a tres nombres.
Ricardo me llamo en ese preciso momento:
-Merche ven aquí con nosotros.
Yo lo dude un instante, pero fui, rodee mi cuerpo con una sábana y me
quede en el umbral de la puerta, no quise salir a la terraza, demasiado
expuesta. Además Diana y Alex podían estar en la terraza contigua,
tampoco había terminado de darme aquella crema. Ricardo me explicó
entonces que aquella crema debía repartirse por dentro de mí, me cogió
por un brazo y me hizo salir. Me quede paralizada mientras el introducía
la mano entre la sabana para untarme la crema, mi movió permanecía
quito mirando cómo me iba cambiando la cara por la calentura. Note
entonces que sí, que en la terraza contigua había gente, los paneles
biselados dejaban ver el movimientos de sombras, Casi estaba a punto de
correrme cuando llamaron a la puerta.
Ricardo
eme dijo que fuera a abrir, pero se quedó con la sabana en la mano.
Mire a mi novio esperando una respuesta que por supuesto no apareció.
Demasiado caliente para oponerme.
Pregunte quien era primero:
-¿Quién es?
-Alex. Me respondió una voz, estaba desnuda completamente. Juan y Ricardo vinieron hacia mí, se metieron en el aseo mientras Ricardo me decía al oído:
-Quiero que seas muy mala.
Abrí la puerta despacio, Alex se quedó asombrado seguramente no esperaba verme así.
-Bajo para la playa, oí voces y pensé
que estabais aquí, Diana ya fue hace tiempo a coger sitio. Me dijo Alex
mientras miraba mis pezones rectos por la calentura que llevaba en ese
momento.
-Estoy sola, habrá sido la televisión, ¡pero pasa y ves nuestra habitación!
Me di la vuelta y avance hasta la cama,
note como no apartaba su mirada de mi trasero Me senté en la cama y el
siguió avanzando hasta la terraza, no sé si para asegurarse que no había
nadie o para mirar si veía a Diana.
Divise
entonces a nuestro amigos los mirones, seguían haciendo fotos, fue la
chispa que me faltaba, me decidí, me acerque a la puerta de la terraza y
me puse de rodillas, cuando Alex se dio la vuelta se quedó parado, pero
no le di tiempo a reaccionar, le baje el bañador y allí estaba mi
premio, solo cuatro lametones y se puso a tope. Comencé a chupar con
fuerza pero me di cuenta que en esa posición no saldría muy bien en las
fotos, así pues Salí a la terraza girando cuarenta y cinco grados a mi
derecha, así tenia controlados a los mirones y a Ricardo y Juan que
miraban desde el servicio, Alex creía que estábamos solos y su
excitación subió tanto que tardo solo dos minutos en correrse. No era mi
intención, pero era tan tímido que sobrepase sus límites sin darme
cuenta.
Alex hasta me pidió perdón por correrse
en mi boca, se despidió con un “abajo nos vemos” y salió casi
corriendo... Acto seguido llamé a Juan para hablar con él y le dije:
- Tienes que pedirle a Ricardo que el
sábado lleve a Gore a la disco latina. El me devolvió una mirada picara y
fue al servicio a comunicárselo, mientras salían de la habitación.
Me fui a lavarme un poco y me puse la
ropa interior, después una blusa ajustada de flores, un escote bastante
pronunciado, con dos tirantes y una falda blanca corta, por encima de
las rodillas.
Me apetecía pasear por la playa, así se
lo dije a Juan. Cuando llegamos abajo Ricardo se despidió con un hasta
pronto y nosotros nos dispusimos a pasear por la orilla de la playa
mojándonos los pies.
A lo lejos distinguí a Diana y Alex,
cuando nos acercamos un poco más, enseguida nos vieron y saludaron, ella
llevaba su bikini rojo, pero claro sin su parte de arriba, parecía que
no le daba ya importancia a enseñar sus pechos, nos acercamos un poco
más y ella me comentó que quería ir de compras esa tarde porque no tenía
ropa adecuada para ir a la disco, me invito a acompañarla de tal manera
que no pude negarme, mientras tanto yo veía que Juan se quedaba bizco,
la verdad es que tras la aventura en el servicio Juan y Diana ya no
disimulaban su atracción sexual.
Continuamos nuestro camino y Juan me
propuso tomar algo en el chiringuito, empezaba a hacer calor y accedí
gustosamente, pedimos un refresco mientras echábamos un vistazo al mar.
Alguien me dio en la espalda, me volví y
eran los cuatro mirones, un saludo cada uno, un beso y un apretujón,
estos individuos no escatimaban esfuerzos en provocar el roce, cualquier
excusa valía para acariciar mis pechos y mi trasero. Nos contaron que
era el último día de su estancia y nos invitaron a unas copas por la
noche, en la verbena que hacia la terraza de su hotel, tendríamos que
ir, la verdad es que no habíamos pasado ninguna noche en esas fiestas
que proponen los hoteles de la playa, al menos los dos juntos, a mí me
dio un poco de corte, podría haber alguno que me reconociera y Juan
todavía no sabía nada de esa noche.
Uno de ellos colocó su mano en mi
cintura y en unos instantes ya me estaba tocando el culo, ya no se
cortaban un pelo, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, al parecer
aquella crema que me puse estaba surtiendo efecto, el masaje que éste me
estaba proporcionando me estaba poniendo a mil, me estaba subiendo la
falda, esquivando como pude me senté en un taburete, mirando a la playa
me sentía más segura , detrás quedaba la barra, los mirones seguían
insistiendo , sobre todo uno, acariciaba mi pierna subiendo hasta donde
se acababa, una y otra vez, entonces vi a Alex no me quitaba ojo,,. Al
principio retiraba su mano, pero luego le deje hacer, Juan entonces se aproximó a mi oído y me dijo:
-¡Quítatelas, lo estas deseando!
La verdad era que sí, entre el masaje al untarme la crema, Alex que no aguanto nada y
el calor que me subía por mi interior debido a la crema dichosa, estaba
para reventar, solo tuve que hacer unos cuantos movimientos para dejar
bis braguitas a la altura de mis muslos, el circulo que habían hecho
alrededor de mi me ocultaba de la gente. Tampoco hizo mucha falta ,
aquel viejo mirón en cuanto vio la maniobra tiro hacia abajo y se las
guardo como un trofeo, mi novio procedió entonces a desabrocharme el
sujetador, aparecer le estaba gustando aquella situación, también porque
vio que Alex no se perdía detalle, el bullicio de la gente encubría
nuestro juego , el sujetador salió por debajo de la blusa mientras el
viejo me hacía correrme con sus dedos, tuve que parar aquello, ni
era el momento, ni el sitio adecuado, no le deje seguir, era capaz de
cualquier cosa en ese momento. Le propuse a Juan dar una vuelta a la
manzana, para calmar el ambiente, no era hora de comer todavía.
Terminamos nuestros refrescos, nos
despedimos de ellos hasta la noche y colocándome (más bien
descolocándome) la falda logré dejarla a mi gusto, a la altura de mis
muslos, comencé a mover mis caderas y empezamos a caminar. No me di
cuenta hasta que lo vi, estábamos prácticamente al lado del palacio de
Marivent, cosa curiosa, casi enfrente, una tienda que cerraba a las diez
de la noche, tenedores de plástico, etc., y alcohol, de todas las
marcas que podíamos imaginar, pillamos dos de crema de orujo, dos de
wiski y un paquete de seis vasos de chupito. Si la noche se daba mal, ya
teníamos con que alegrarnos el cuerpo.
Cuando llegamos al hotel subí a la
habitación, mientras él se fue a coger mesa al comedor, pensé en darme
crema otra vez, dejé la bolsa con la bebida y cogí el tubo. La verdad es
que era un tubo raro, sin especificaciones, parecía tener un nombre
alemán, lo cierto es que desde que me lo apliqué por la mañana cualquier
roce aumentaba notablemente mi calentura, me unte un poco y lo metí
dentro del bolso.
De pronto llamaron a la puerta, pensé
que era mi novio, algo que se le habría olvidado, abrí la puerta sin
preguntar. Era Ricardo:
-Hola Merche…lo que me pediste esta mañana tiene su precio…
Diciendo esto saco una tela y me vendo
los ojos, me cogió del brazo y me llevo a otra habitación, en la misma
planta, alguna habitación que quedo vacía esa mañana, pronto advertí la
presencia de más gente, no estábamos solos, alguien me desnudo mientras
Ricardo me decía al oído:
-Recuerda que tu novio te entrego a mí.
-Sí. Le respondí yo.
Seguidamente doblo mi cuerpo hacia
delante y sentí que algo quería entrar dentro de mi boca, debía estar
bastante grueso, su barriga me daba en la cabeza cuando la paso toda
dentro, solo me dio tiempo a darle cuatro o cinco chupadas, note su
presencia detrás cuando metió dos dedos en mi ano para dilatarlo, pues
la mano para impedirlo, un acto reflejo que me costó un azote en el
trasero:
-¡Quieta, puta! Escuche una voz que no
reconocía. Comprendí que ese hombre estaba excitado a tope. Siguió
hablando pero ya no se dirigía a ni:
No
era muy delicado que digamos, la introdujo toda de golpe sin vacilar,
con movimientos cada vez más acelerados a la vez que azotaba mi trasero
sin piedad, solo tardo un par de minutos y todo acabo, me había usado
para aliviarse, no conto conmigo para nada. Ricardo me dio mi ropa y me
acompaño a mi habitación sin dejar ponérmela, no entendí nada.
Me coloque la ropa, tenía el trasero
rojo y baje a comer, ya estarían echándome de menos. Cuando pasé al
comedor allí estaban los tres, mi novio como de costumbre medio embobado
por los encantos de Diana, cualquier movimiento que ella hacia era
motivo para desviar su mirada del plato.
Yo pensaba que Diana iba a montar otra
escenita, pero no, llevaba puesto el mismo pareo y la parte de abajo del
bikini, aparte de las miradas provocativas hacia mi novio durante la
comida, entre chistes y comentarios no pasó nada, yo mientras buscaba el
desconocido que me acababa de follar por detrás el culo, por lógica
tendría que estar allí. Terminamos de comer y subimos a la habitación,
quería descansar un poco más antes de ir de compras, no le dije nada a
mi novio, eso de los azotes no era para comentarlo.
Un par de horas de siesta, me levante
como nueva, me puse el blusón con aberturas en los lados, el que me
compró Ramón, un cinturón para subirme las aberturas hasta donde yo
quisiera, unas braguitas y unas sandalias blancas de tacón, no
necesitaba más, estaba cómoda y fresquita, cogí en bolso y llame a su
puerta, Diana ya estaba preparada y salimos del hotel. Me di cuenta de
que practicaba una competencia disimulada, si yo movía las caderas, ella
un poquito más, si se movían mis pechos, ella los movía un poquito más,
despertó mi curiosidad por saber hasta dónde podría llegar.
El destino había dejado en mis manos
vestir y preparar a la presa que iba a devorar la bestia, iba gustosa a
desarrollar mi trabajo.
La primera tienda, ya me conocían,
había ido más de tres veces en cuatro días, los dos dependientes nos
saludaron, de allí era el blusón que llevaba puesto.
-Buenas tardes, que desean. Preguntaron.
-Algo fresquito, para la noche. Respondió Diana.
Sacaron tres vestidos largos.
-¡No, no, cortos para bailar! Aclaró Diana.
Nos enseñaron algunos para elegir. Ella
eligió uno azul cortito y otro negro no mucho más largo, con un poco de
vuelo. Yo no los hubiese elegido mejor para mis planes. Fuimos al
probador y se desnudó, tenía un cuerpo espectacular y unas curvas de
escándalo. Se probó el azul y luego el negro, me pregunto que como le
quedaban. Bien le dije yo, el negro un poquito largo.
El
dependiente, que estaba boquiabierto, pues yo había mantenido abierta
la cortina que hacía de puerta en todo momento, al oír mi comentario
vino hacia nosotros para ofrecer un arreglo gratuito de la prenda, ella
acepto, en una hora estarían las prendas listas. Yo le advertí a Diana
que aquellos vestidos eran muy finos y que la ropa interior se le iba a
notar, a lo que ella respondió:
-Con usar ropa interior oscura o no usar ninguna se soluciona el problema.
Me lo estaba poniendo en bandeja. Toda
los tabúes que tenía desaparecía cuando Alex no estaba presente. Iba
ella solita a la boca del lobo. Esperaba que las compras se alargaran un
poco más, pero no fue así, en la primera tienda que habíamos entrado se
acabó todo, se puso el vestido azul dándolo por estrenado y salimos en
dirección a un bar que había frente a la tienda. El vestido azul que
llevaba si era fresquito, era tan fresquito que se transparentaban sus
bragas y su sujetador, cuando pasamos al bar, al trasluz de la puerta
era como si no llevara vestido.
Pedimos dos cervezas y fuimos al
servicio a retocarnos, yo le comenté que se le transparentaba su ropa
interior y ella se la fue quitando, primero el sujetador, ya no se le
verían las tiras de los hombros de éste, después sus braguitas
deslizándolas por sus piernas hasta el suelo.
Abrí mi bolso sacando un pintalabios y
ella vio el tubo de crema misterioso, me pregunto, para que era. Yo le
conteste que era un relajante, que me dejaba como nueva. Atrevida como
era ella, cogió el tubo y se aplicó una cantidad considerable,
terminamos de componernos y salimos dispuestas a degustar una cerveza,
me senté en la primera mesa a la derecha de la salida del servicio, ella
fue a por las dos cervezas a la barra, diez metros de pura exhibición,
era imposible no mirarla, el movimiento exagerado de sus caderas
provocaban un movimiento acompasado de sus pechos, parecían moverse
libremente dentro de ese vestido semitransparente. Era inevitable que
atrajera la mirada de alguno de los paisanos que estaban mirando el
futbol en el televisor, una vez sentada Diana en frente de mí, observe
que entre aquellos hombres conocía a dos eran los del karaoke, ya me
había olvidado de ellos, solo tardó un minuto en acercarse un paisano a presentarse:
-Hola, soy Antonio, te he escuchado y no pareces de aquí. Preguntó dirigiéndose a mí.
-No, soy del centro de la península. Respondí haciéndome la loca.
Antonio pidió tres cervezas más y las
trajo a la mesa, Diana le hizo un sitio, para que se acomodara, no sé si
lo hizo a propósito, pero al retirarse subió tanto el vestido que se
hizo evidente que no llevaba bragas, acto que envalentonó a nuestro
nuevo amigo. Mientras me explicaba, que era de Bolaños de Calatrava, un
pueblo de Ciudad Real, que fue allí de vacaciones y se quedó a vivir,
estaba metiéndole mano a Diana que no oponía resistencia alguna, yo
apreciaba como se iba abriendo de piernas más y más debajo de la mesa,
su cara se iba transformando poco a poco, sin duda la crema que se había
puesto estaba empezando a hacer efecto, estaba saliendo la putita que
tenía dentro. Antonio subió su mano hacia los tirantes del vestido y los
apartó, dejó los dos pechos al aire, tenía los pezones de punta, Diana
estaba a tope y Antonio lo sabía.
-¡Ve al servicio y desnúdate! Le ordenó.
Me quedé perpleja, Antonio se fue en
dirección a la barra y Diana se levantó sin decir palabra. Estaba tan
caliente que parecía que no tenía voluntad. Pase a ser una mera
espectadora, nadie me dijo nada. Me moví de asiento para ver lo que
ocurría en el servicio pues ni la puerta cerró al entrar, vi como
deslizo su vestido hasta el suelo, lo recogió y lo dejo encima del
lavabo. Al momento apareció Antonio con un amigo y entraron los dos al
servicio, la cogió por detrás mostrándole los pechos puntiagudos a su
amigo que enseguida saco su polla de las bermudas que llevaba y la
empezó a mover. No había palabras, ella sola doblo su cuerpo para
saborear esa polla desafiante, no le hicieron falta indicaciones, sabía
perfectamente lo que ellos querían y se lo iba a dar.
Antonio inmediatamente comenzó a
follarla por detrás, no tardaron en llegar los jadeos de Diana que
perecía estar fuera de sí, agarraba esa polla con fuerza como si se le
fuera a escapar, yo quede inmóvil, como si no estuviera allí.
Termino
Antonio sin sacarla, dentro de ella y su amigo ocupo su lugar,
siguieron los jadeos mientras Antonio abandonaba los servicios captando
mi atención, se dirigió hacia mí y se sentó a mi lado para terminar su
cerveza.
- La próxima vez que quieras follar, ven sola, no distraerás mi atención.
Me dijo al oído mientras me acariciaba los muslos.
- Te he reconocido desde que entraste
por la puerta, también estuve aquella tarde en la discoteca que fuiste
con tu pareja y me quede muy caliente. Me aclaro momentos después.
Me di por invitada si algún día me
apetecía volver. Los jadeos pararon y el amigo de Alberto salió del
servicio, Antonio se levantó y junto con su amigo abandonaron el local.
Yo me levante y fui al servicio, allí estaba Diana recomponiéndose el
vestido, queriéndose disculpar por su comportamiento. Hasta me hizo
prometer que no se lo diría a Alex. Comprendí que Diana estaba en mis
manos desde entonces y descubrí que también me gustaba ver desde fuera
esas situaciones, estaba muy caliente y el modo en que me había hablado
Antonio me puso más todavía.
Diana se colocó el vestido como pudo y
salimos a la calle a que nos diera un poco el aire, iba temblorosa, como
si no se creyera lo que acababa de hacer, me confeso que con dos a la
vez no lo había hecho nunca.
Un beso a todos, gracias por los correos os aseguro que los leo todos e intento contestarlos.
Me despido, como siempre, vuestra.... Merche
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